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LA CIUDAD MEDIEVAL (2ª PARTE)

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  El centro de la ciudad lo ocupaban los edificios públicos, especialmente la catedral o iglesia mayor y la Gran Plaza, o "Plaza Mayor", que servía de lugar de encuentro o de espectáculos y celebraciones multitudinarias. En torno a ese núcleo o centro urbano se ubicaban los palacios o casonas de los patricios urbanos, generalmente aristócratas y caballeros, pero también (sobre todo, desde el siglo XIII) burgueses enriquecidos. Cuanto más se alejaban del centro, los barrios eran más pobres, descuidados y sucios, de calles más estrechas, y en los arrabales fuera de las murallas vivían los grupos urbanos más miserables y desamparados. La morfología de las ciudades medievales era así porque sólo a veces coincidían con las antiguas ciudades romanas, y muchas fueron de fundación estrictamente medieval, bien por razones de trabajo feudal en las tierras encomendadas, bien por conveniencias defensivas del territorio, o por intereses mercantiles en los cruces de caminos y rutas. Los hi...

LA CIUDAD MEDIEVAL

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  Es un hecho conocido que se tiende a considerar la vida rural como la típica vida medieval; pero la ciencia histórica deja patente el desarrollo que tuvieron las ciudades en esa época.  También la vida urbana formó parte del Medioevo, especialmente después del siglo XII, por lo que no conviene imaginar una separación entre campo y ciudad, pues ambos elementos forman parte de un todo.  No obstante, la ciudad presenta ciertos elementos diferenciadores, tanto en las funciones que desarrollaría como en su aspecto estético. El primer elemento diferenciador será la muralla que rodea a la urbe. En las "Partidas" de Alfonso X se define la ciudad como "todo lugar que es cercado con muros".  Fundamentalmente, el objetivo de la muralla era de carácter defensivo, al igual que las torres, el foso o las puertas, y en algunas ocasiones había hasta dos barreras de murallas para reforzar la defensa urbana. Pero la muralla tenía también una función fiscal y jurídica: vivir en la ci...

ROMA Y LA TIERRA

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  La civilización romana se nos aparece hoy día, a través de la perspectiva de los siglos, como una civilización esencialmente urbana. Y, no obstante, no era así como los mismos romanos tenían la costumbre de considerarla. A lo largo de toda su historia, a despecho de la negativa que les presentaban los hechos, estaban orgullosos de sentirse "campesinos". En el momento en que nace el Imperio, cuando Roma ha llegado a ser la ciudad más grande del mundo, mayor que Pérgamo, Antioquía e incluso Alejandría, Virgilio no puede concebir felicidad más grande sobre la tierra que la vida campestre. Sin embargo, por atractivo que sea este elogio de la campiña, evocación de los "ocios en los vastos dominios entre la abundancia, las fuentes de agua viva, los frescos valles y el mugido de los bueyes, y la dulzura del sueño al pie de un árbol".  (...) Los romanos, incluso en los tiempos de su grandeza, han experimentado la nostalgia del suelo nutricio, y las campiñas italianas han ...

LA LEGIÓN ROMANA

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  La legión era la unidad fundamental del ejército romano, pero muy pronto, al lado de este cuerpo de ciudadanos, se utilizaron fuerzas complementarias, los "auxiliares" proporcionados por los aliados.  En principio solamente los ciudadanos podían ser incorporados a una legión. Esta regla responde aparentemente a una preocupación religiosa, ya que los lazos que unían a los soldados con el IMPERATOR reposaban sobre la naturaleza misma de la ciudadanía. De la misma manera, los contingentes aliados estaban formados dentro de la nación de la que procedían y tenían sus cuadros nacionales. En el ejército romano constituían cuerpos adjuntos a las legiones, y en el combate se las utilizaba en las dos alas.  Estaban colocados bajo el mando de "prefectos de los aliados" ( praefecti sociorum ), oficiales romanos nombrados por el cónsul.  La organización de los cuerpos aliados era extremadamente variable. Dependía de los hábitos de cada ciudad, cuyos contingentes conservaban su...

NÉCTAR Y OTRAS PALABRAS QUE INCLUYEN UNA NEGACIÓN. ETIMOLOGÍAS

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  En néctar aparecería al principio la partícula negativa indoeuropea NE- (no), que en itálico (una de las ramas del indoeuropeo) da NEK-, que aparece claramente en el castellano NEGAR (con la sonorización de la K y la terminación verbal -ar). En griego NÉKTAR designa a la bebida de los dioses, con el sentido implícito de "lo que vence a la muerte". Esta voz es un compuesto de las raíces indoeuropeas NEK- (muerte), de donde el griego NEKRÓS (cadáver), y -TAR (que vence), derivado de -TER (atravesar, vencer), que da en las lenguas latinas TRANS- (más allá, al otro lado).  Así, la raíz NEK- indicaría la negación de un principio vital. Otros términos donde aparece la negación NE- son: NEGLIGENCIA: derivado del latín NEGLEGERE o NEGLIGERE (descuidar, hacer caso omiso, no es escoger), formado por NEG- (no) y LEGERE (escoger), que en castellano dio LEER. NEGOCIO: negación del ocio (latín OTIUM). NEGRO: podría ser la negación de color. Deriva del latín NIGER (oscuro). Podría asociar...

LOS REYES CATÓLICOS

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  El reinado de los Reyes Católicos representa un momento de extraordinaria grandeza en la historia de España y las generaciones siguientes conservarán durante mucho tiempo la nostalgia del equilibrio conseguido en esta época. Fernando e Isabel no tuvieron sucesores directos. La muerte del príncipe don Juan en 1497, y la mala salud de Juana la Loca permitieron la llegada al trono de una dinastía extranjera que condujo a España a la gloria, ¿pero a qué precio? De tal forma que muchos historiadores y pensadores se han planteado la cuestión: ¿La decadencia no comienza acaso a partir de 1516, desde la muerte del rey de Aragón, Fernando el Católico? Los Reyes Católicos facilitaron enormemente, en muchos ámbitos, la tarea de los Habsburgo y, primero, al asegurar de forma duradera el prestigio de la institución monárquica. Pensemos, sino, en lo que representaba la corona antes de 1474, bajo Enrique IV y ya bajo Juan II: escarnecidos, vilipendiados, débiles e impotentes, los reyes quedaban...

LA RELIGIÓN Y LA MAGIA

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  La religión, que supone que el universo está regido por agentes conscientes a quienes puede persuadirse para que modifiquen sus propósitos, se halla en un antagonismo fundamental tanto con la magia como con la ciencia, porque ambas creen que el curso de la naturaleza no está determinado por las pasiones o caprichos de seres personales, sino por leyes inmutables que actúan mecánicamente. Es cierto que en la magia esta creencia es implícita y en la ciencia es explícita. También es cierto que la magia trabaja frecuentemente con espíritus que son agentes personales como los de la religión, pero siempre lo hace en forma apropiada, como si fueran seres inanimados, lo cual los limita u obliga, a diferencia de la religión, que trata de conciliarlos o propiciarlos. La magia cree así que todos los seres personales, humanos o divinos, están sometidos, en última instancia, a fuerzas impersonales que rigen todas las cosas, pero que pueden ser utilizadas por alguien que sepa conducirlas a trav...