LOS PAVOS

 

Cuando estaba acabándose ya el día, subí con Charley entre sus montañas de placer hasta la cima misma y contemplé el vallecito que se extendía abajo. Era una vista turbadora. Pensé que había conducido demasiado y eso me había deformado la visión o me había perturbado el juicio, porque la tierra oscura de abajo parecía moverse y palpitar y respirar.

No era agua, pero se ondulaba como un líquido negro. Bajé rápidamente por la loma para planchar la distorsión. El suelo del valle estaba alfombrado de pavos, parecía haber millones de ellos, tan densamente agrupados que cubrían la tierra. Fue un gran alivio. Era una reserva para el Día de la Acción de Gracias, claro está.

Agruparse así tan juntos es algo natural en los pavos al hacerse de noche. Recuerdo que en el rancho de mi juventud los pavos se juntaban y se posaban en coágulos en los cipreses, fuera del alcance de gatos monteses y coyotes, el único indicio que conozco de que los pavos tengan alguna inteligencia.




Cuando los conoces no los admiras, porque son vanidosos e histéricos. Se reúnen en grupos vulnerables y luego les domina el pánico ante cualquier rumor. Son sensibles a todas las enfermedades de las otras aves, junto con algunas más que han inventado ellos.

Parecen pertenecer al tipo maníaco depresivo, gluglutean con barbas ruborosas, extienden la cola y rozan las alas en bravatas amorosas un momento y se encogen en medrosa cobardía al momento siguiente.

Cuesta creer que estén emparentados con sus primos salvajes, listos y recelosos. Pero allí había agrupados miles de ellos alfombrando la tierra, a la espera de yacer tumbados panza arriba en fuentes por todo el país.


John Steinbeck: VIAJES CON CHARLEY

Comentarios

Entradas populares de este blog

LA DIOSA MADRE CELTA DANA

EL ENIGMA DE MARCAHUASI EN PERÚ

LAS PRIMERAS LIBRERIAS EN LA ARGENTINA