LA BOTICA NATURAL DE LOS INDIOS DEL CHACO

 

Como la falta de médicos y medicina es en esta parte de América -se refiere al Chaco Gualamba(*)- tan considerable, les proveyó Dios a los aborígenes de una botica natural en muchas plantas, cuyo uso tiene admirables efectos.

Diré solamente de algunas. Merece el primer lugar por su especial virtud la planta llamada contrayerba, por la potentísima virtud que tiene contra las mordeduras de las fieras, que arrojan de sí ponzoña fría, como lo son la víbora, culebra, áspid, escuerzo, sapos y semejantes, que abundan en estas provincias.

La misma eficacia posee contra cualquier otro veneno frío dado en la comida o bebida. Hay de esta planta macho y hembra en su especie, porque siendo semejantes en la hoja, no lo son en la raíz y fruto; porque la hembra es más abundante en raíces. Las dos son de igual vigor. Recogidas en menguante de luna por enero, marzo o abril conservan su virtud por más de 20 años.

Otra yerba hay en las costas del Chaco, que bañan los ríos Paraná y Paraguay, llamada de los Españoles, yerba de la víbora, porque comidas sus hojas verdes, luego que pica, y mascadas otras, y aplicadas a la mordedura, queda sin lesión el herido.

Si ha tiempo que mordió, se toman sus polvos en vino. Hállanse dos especies, blanca y negra, aquélla más crecida y abundante de vástagos de sola una raíz; en todo lo demás muy semejante, aunque la negra es más eficaz.

Los indios Guaraníes llaman a esta yerba Macaguacaá, que quiere decir yerba del pájaro macaguá, porque este pájaro, haciendo arnés o escudo de su ala, pelea a la víbora hasta matarla dándole heridas con el pico, por entre las plumas, y sintiéndose herido de su enemigo, acude luego a comer de esta yerba, la cual le sirve de antídoto contra la mortal ponzoña de su contrario, contra quien repite la pelea si acaso no ha quedado muerta en el primer combate, y al momento que muere se la traga toda entera sin reservar cosa alguna, con cuya diligencia acaba de curar lo interno de sus entrañas de la mortal cualidad fría de su veneno.

Otra planta es la que llaman colmillo de víbora o solimán de la tierra, poseyendo la misma virtud que la anterior. Puso Dios tantos antídotos en estos países por ser muy frecuentes estas venenosas sabandijas. 

Este colmillo bebido su agua 2 o 3 veces es remedio eficacísimo para los que han caído de muy alto o se han quebrado los huesos, ayudando por la parte exterior con emplastos confortativos.



Corona la relación de los árboles y plantas del Chaco la que merece la corona en el reino de las flores por sus misteriosos significados. Esta es la granadilla, llamada también flor de pasión, porque es un diseño natural de la de nuestro Salvador. Crece a manera de yedra, y en breve trepa a los más altos árboles cubriéndolos de un verdor gracioso y vario entretejido de hojas, flores y frutos en numerosa calidad.

Comida la carne de los frutos con moderación, abre las vías, refresca el estómago, el hígado y el corazón de un modo muy suave, corta los humores gruesos, reprime los ardores y apaga la sed. Deshace la piedra (cálculos renales y de la vejiga) y esto no solo su pulpa y los granillos de su simiente, sino los polvos de la corteza de su raíz.

Esta es la mejor zarzaparrilla de cuantas hay, dado que no tiene espinas, porque las excede con muchos quilates en virtud de abrir, curar la opresión, confortar los miembros principales, mayormente las partes que llaman los médicos espermáticas, cuales son el cerebro, nervios, estómago, hígado, bazo, huesos o intestinos.


P. Pedro Lozano (**), S.J.: Descripción chorográphica del Gran Chaco


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(*) Los chaco-gualamba eran los indígenas que poblaban la comarca prehistórica sobre el Alto Bermejo. El nombre quería decir “gente del Chaco”.

(**) Pedro Lozano (Madrid, 1697 – Humahuaca, 1752): misionero jesuita, etnógrafo e historiador español.

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