DRUIDAS Y BARDOS

 

La diferencia original entre un druida y un bardo debía de estribar en que el primero se ocupaba sobre todo de los aspectos religiosos, científicos y jurídicos de su sociedad, y el segundo, de las cuestiones relacionadas con la historia y la mitología.

Sin embargo, durante el período de la ocupación romana debieron de entremezclarse bastante, especialmente en cuanto los druidas empezaron a hacerse pasar por bardos, lo que acabaría por hacerles indistinguibles. Posiblemente fuera entonces, durante este proceso, cuando los bardos entraran en contacto con la doctrina atribuida a los druidas.

En cualquier caso, los bardos siempre habían realizado funciones cuasi mágicas, como el canto del glam dicin. Desde entonces en adelante, parece que estas funciones sufrieron un incremento y así ambas figuras fueron todavía más parecidas.



Las escuelas bárdicas impartían cursos de formación de 12 años donde, igual que en el bongor, la enseñanza era oral y los estudiantes debían aprender de memoria. Una vez finalizada su preparación, el bardo adoptaba el título de "Ollave", someramente equivalente al de "doctor" que empleamos hoy en día y que, según ciertos indicios, habían utilizado también los druidas.

Taliesin dice de sí mismo haber "cabalmente llegado a ser gwydd", una palabra de connotaciones mágicas. 

Myrddin, más tarde el Merlín de las leyendas artúricas, fue probablemente un bardo oriundo del norte.

En The Triads of the Islands of Britain, se habla de que los bardos galeses eran astrónomos y, según Gerald de Gales, sabían -y preservaban- de memoria la genealogía de los príncipes.

Incluso la abstracción poética tiene cualidades cuasi mágicas y se la califica de awen o éxtasis. Gerald menciona la palabra awenyddion, que significa "poetas", pero la utiliza para describir a individuos capaces de inducirse al trance, con pérdida del control de los sentidos "como si estuvieran poseídos por los demonios", y de emitir una serie de despropósitos que se tomaban por "profecías". Esto recuerda a la Pitia del oráculo de Delfos y es difícil no creer que tales prácticas no fueran heredadas de los druidas.


Ward Rutherford: EL MISTERIO DE LOS DRUIDAS


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