LA TIRANÍA OLIGOFRÉNICA DEL RUIDO O TODO EL AÑO ES CARNAVAL

 

El verano tiene otros inconvenientes, como por ejemplo el carnaval. Aunque desde hace un tiempo gracias a la Intendencia (en este caso, de Montevideo, pero puede extenderse a cualquier otra de esta u otra parte del mundo) "todo el año es carnaval", especialmente los fines de semana, ahora que estamos en un período oficial de carnaval que comenzó el primero de mes y no sé cuando terminará, los fines de semana en la Avenida 18 de Julio son súper carnavalescos.

El domingo salimos por fin a caminar con I, una salida muchas veces postergada. Afortunadamente I es una acompañante de lo más agradables, y así pude superar el sentimiento de ajenidad, y aun el terror, que surgía continuamente al avanzar por la avenida.

Había un altoparlante cada pocos metros, todo a lo largo de la avenida, y a un volumen inexplicablemente alto, atronador.




No todos los parlantes transmitían lo mismo. Cada pocos tramos se pasaba de la cumbia al candombe y otras atrocidades semejantes, y en la zona intermedia las dos formas musicales se mezclaban y superponían.

También había números vivos, como los bolivianos nuevamente y, al regreso, un par de músicos de tango que no tocaban mal pero que también eran amplificados a un nivel insoportable. La gente había formado un amplio círculo, y en el centro del círculo bailaban tango unas parejas ridículas.

Pocos metros más allá, música tropical.

También pasamos al regreso por lo que parecía el final no sé qué otro monstruoso recital, en la plaza Libertad, a tiempo para oír la despedida y los agradecimientos a no sé quiénes "que habían hecho posible todo esto". Malditos sean.


(continuará)


Mario Levrero: LA NOVELA LUMINOSA

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