LA LEGIÓN ROMANA
La legión era la unidad fundamental del ejército romano, pero muy pronto, al lado de este cuerpo de ciudadanos, se utilizaron fuerzas complementarias, los "auxiliares" proporcionados por los aliados.
En principio solamente los ciudadanos podían ser incorporados a una legión. Esta regla responde aparentemente a una preocupación religiosa, ya que los lazos que unían a los soldados con el IMPERATOR reposaban sobre la naturaleza misma de la ciudadanía.
De la misma manera, los contingentes aliados estaban formados dentro de la nación de la que procedían y tenían sus cuadros nacionales. En el ejército romano constituían cuerpos adjuntos a las legiones, y en el combate se las utilizaba en las dos alas. Estaban colocados bajo el mando de "prefectos de los aliados" (praefecti sociorum), oficiales romanos nombrados por el cónsul.
La organización de los cuerpos aliados era extremadamente variable. Dependía de los hábitos de cada ciudad, cuyos contingentes conservaban su armamento tradicional.
Los aliados italianos -los únicos que tenían derecho al título de socii- estaban formados en cohortes.
Más tarde, cuando se reclutaron tropas en otras naciones, se dio a estos recién llegados el nombre de auxilia, y al final de la República, cuando los italianos, convertidos todos en ciudadanos, fueron enrolados en las legiones, no hubo en el ejército romano más que tropas legionarias y auxilia. Éstas proporcionaron unidades especializadas que faltaban en la legión: honderos, arqueros, piqueros, etc.
En el ejército de la Roma real, las primeras centurias, formadas por ciudadanos más ricos, eran llamadas las centurias de caballeros. En dicha época la caballería era la flor del ejército, pero más tarde su papel disminuyó a medida que se afirmaba la preponderancia de la infantería legionaria.
En la legión descrita por Polibio figuran solamente 300 caballeros, divididos en 10 escuadrones (turmae) de 30 hombres. Un efectivo tan débil se prestaba poco al uso en masa de la caballería en el campo de batalla. Por esto las cargas eran excepcionales.
Se recurrió, para utilizar a los caballeros, a diversos procedimientos. Por ejemplo, se les unieron vélites (soldados de infantería ligera) a caballo y combatiendo entre los caballeros; pero sirvieron sobre todo para las misiones de reconocimiento y para la persecución de una infantería en fuga que volvía la espalda.
La debilidad de la caballería legionario se hizo sentir frecuentemente. Por esto se recurrió, desde los tiempos de las guerras púnicas y muy ampliamente, a la caballería auxiliar reclutada en los países donde los caballeros eran numerosos y reputados: en la Galia, en España, en África, y César mismo formó durante sus primeros años de sus campañas en la Galia una caballería germana que le rindió -en el momento del levantamiento de Vercingétorix- los mayores servicios.
Una de las características de la legión romana -aquella de la cual los romanos mostraron acaso el mayor orgullo- era el cuidado con el cual, por la noche, se encerraba en un campamento.
Esta preocupación por la seguridad, adquirida al precio de un gran esfuerzo por parte de los hombres que debían diariamente- cuando el ejército se trasladaba- entregarse a trabajos de fortificación, parecía a los romanos signo de una superioridad no sólo militar, sino moral sobre los bárbaros, e incluso sobre los ejércitos helenísticos.
Polibio describió con gran detalle el campamento romano, al que considera como "una de las cosas más bellas y serias" que merecen la atención de los lectores.
Pierre Grimal: LA CIVILIZACIÓN ROMANA

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