MITOS INDÍGENAS DE LA NUEVA INGLATERRA SOBRE SERES DEL MUNDO EXTERIOR

 

Los mitos de los pennacook, que eran los más coherentes y pintorescos, indicaban que los seres alados procedían de la celeste Oso Mayor y tenían minas en las montañas de la tierra de las que extraían una clase de piedra que no existía en ningún otro planeta. 

No vivían aquí, señalaban los mitos, sino que se limitaban a mantener avanzadillas y regresaban volando con grandes cargamentos de tierra a sus septentrionales estrellas.

Sólo atacaban a los seres terrestres que se acercaban demasiado a ellos o los espiaban. Los animales les rehuían debido a un temor instintivo, y no por miedo a que intentaran cazarlos.

No podían comer ni cosas ni animales terrestres, por lo que se veían forzados a traer sus víveres de las estrellas.




Era peligroso acercarse a aquellos seres, y a veces los jóvenes cazadores que se aventuraban en sus montañas no regresaban.

También era peligroso escuchar lo que susurraban al caer la noche sobre el bosque, con veces semejantes a las de una abeja que tratara de imitar la voz humana. 

Conocían las lenguas de todas las tribus -pennacooks, hurones, cinco naciones-, pero no parecían tener ni necesitar una lengua propia. Hablaban con la cabeza, la cual experimentaba cambios de color conforme a lo que quisieran expresar.

Todas las leyendas, ya tuviesen su origen entre los blancos o entre los indios, se desvanecieron en el curso del siglo XIX, a excepción de algún que otro atávico resurgir. 


Howard Phillips Lovecraft: LA SOMBRA SOBRE INNSMOUTH


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