UN HISTORIADOR TOTAL. DICK EDGAR IBARRA GRASSO (1914-2000)
Alos 86 años falleció el científico Dick Edgar Ibarra Grasso, antropólogo argentino de fama internacional que consagró su vida al estudio del origen del hombre en el continente americano.
Investigador fecundo y polémico, fue una de las
figuras principales de la antropología argentina. Concebía el universo como una
invitación a investigar.
A su espíritu aventurero, que lo llevó a recorrer
vastas extensiones de territorio, sumaba una infatigable vocación por
desentrañar los orígenes de la cultura de la humanidad y se preocupaba por la
rigurosidad de sus trabajos.
Tarea fecunda
Su trabajo fue reconocido por varias instituciones
académicas del continente. Es autor de "Argentina indígena" y "América
en la prehistoria mundial", obras de extensa documentación, que se suman a
más de 30 libros que son de lectura obligada para conocer los avances de la
arqueología y la antropología de las últimas décadas.
Ibarra Grasso avanzó en la teoría de la escuela norteamericana sobre el poblamiento de América, que sostenía que el continente americano había sido descubierto por pueblos asiáticos que llegaron por el estrecho de Bering y por el océano Pacífico unos 3000 años antes de Cristo.
Aportó investigaciones sobre un profuso intercambio
cultural entre distintas civilizaciones, a partir del estudio de
construcciones, urbanizaciones, conocimientos estelares, utensilios, armas y
costumbres cotidianas que fueron meticulosamente revisadas en sus exposiciones.
Al comienzo se identificó con el pensamiento de José
Imbelloni y fue uno de los exponentes más reconocidos del ultra-difusionismo,
la corriente que sostiene que hubo un gran foco generador de toda la cultura de
la humanidad.
Intentó demostrar que el continente americano ya
existía en representaciones cartográficas anteriores a la llegada de Cristóbal
Colón. Sostenía que en esos mapas aparecen sitios con nombres quechuas que
podrían corresponder a ríos y poblaciones de la costa del Pacífico en el Perú.
Rastreó en mapas antiguos y dedujo que las costas de
Ecuador y del norte del Perú, así como las del occidente mexicano, fueron
puntos principales en el arribo de mercaderes y colonos a estas tierras.
Sus investigaciones fueron traducidas y elogiadas en
centros de estudio del exterior. Muchos de sus aportes a la arqueología y la
antropología fueron traducidos y publicados en revistas especializadas del
Vaticano, la Unión Soviética y los Estados Unidos.
Nacido en Concordia, en 1914, era hijo del marino
Alberto Ibarra y de Ada Grasso, hija de estancieros de la Patagonia. La
actividad de su padre lo llevó a vivir en distintas ciudades, aunque se radicó
en Carmen de Patagones en una de sus residencias más prolongadas. No fue nunca
a la escuela y fue instruido por su padre.
De joven trabajó en una iglesia barrial, donde le pagaban 40 centavos por la transcripción de actas bautismales. A los 27 años decidió recorrer La Paz, Sucre y Potosí, donde comenzó tareas de exploración que asombraron hasta a los propios bolivianos por los tesoros ocultos que encontraba.
Vivió 23 años en tierras bolivianas y en sus múltiples
investigaciones encontró 32.000 piezas históricas, ocho templos incaicos,
cuatro culturas desconocidas y un yacimiento arqueológico de 30.000 años, al
sur del lago Titicaca.
Invitado de honor en distintos congresos
internacionales, escribió más de 350 artículos, enseñó historia en tres
universidades e interpretó el calendario azteca de una manera contraria a lo
convencional.
Pasión por la investigación
A pesar de su edad avanzada, nunca abandonó su
vocación por los desafíos y las investigaciones. El año pasado hizo
exploraciones personales en Tiahuanacu, que se interrumpieron por el mal
tiempo.
En Bolivia fundó el Museo Arqueológico de la
Universidad Mayor, Real y Pontificia de Sucre, además de otro museo en el
Palacio de la Moneda, en Potosí.
Fue profesor en las universidades nacionales de
Tucumán y de Rosario y en la Universidad de Cochabamba, donde dirigió el Museo
Arqueológico.
Estaba casado con Delia Etchegoimberry, que contribuyó
a formar la Fundación Ibarra Grasso, que aspira a continuar la obra del
infatigable investigador.
Sus restos fueron sepultados en el cementerio de la
Chacarita.
Un apasionado por conocer el origen del hombre en América. Dick Edgar Ibarra Grasso
(La Nación, 17 de julio de 2000)



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