HIMNO AL SOL - José de Espronceda

 

Goza tu juventud y tu hermosura

¡oh, sol!, que cuando el pavoroso día

llegue que el orbe estalle y se desprenda

de la potente mano

del Padre soberano,

y allá a la eternidad también descienda

deshecho en mil pedazos, destrozado,

y en piélagos de fuego

envuelto para siempre, y sepultado,

de cien tormentas al horrible estruendo,

en tinieblas sin fin, tu llama pura

entonces morirá: noche sombría

cubrirá eterna la celeste cumbre.

¡Ni aun quedará reliquia de tu lumbre!




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