LOS FUNDADORES DEL ANTIGUO EGIPTO (2a parte)
Pount es para los egipcios la "Tierra Divina" por la que profesan cierta veneración, mientras que no tienen términos suficientemente despectivos para designar a las otras naciones.
Muchos de los grandes dioses egipcios se honran de ser originarios del país de Pount. Los más notables de esos dioses son Min y Hathor, que pertenecen a la "montaña" o al "desierto".
Hagamos notar que nadie pensó en las altas montañas de occidente, tales como el Toubkal (4.165 m), en el Atlas, o el pico volcánico de Tenerife, ni siquiera en la central del Sahara que, hasta mediados del neolítico, fue una zona todavía parcialmente tropical, pero que posee una región montañosa, el Ahaggar.
En las representaciones etnográficas, que siempre son extremadamente fieles, es difícil diferenciar a la gente del Pount de los Egipcios, a tal punto se parecen todos sus caracteres étnicos, mientras que los semitas, los libios, los egeos, etc., son reconocibles a primera vista.
Hasta su vestimenta es casi semejante a la de los faraónicos y llevan igualmente una barba postiza.
El único rasgo que permite distinguirlos es una arruga oblicua a través de las mejillas. Arruga característica de los jefes.
Después de los profundos estudios de los egiptólogos europeos acerca de los monumentos, el arte, los textos, creemos que los informes sobre los orígenes étnicos son indispensables para el tema específico de la búsqueda de los orígenes de esos civilizadores.
Los "instructores" llegaban del oeste (se especifica varias veces: "del sudoeste") por la ruta del cabo Soloeis a Abidos. A 3 km al norte de esta antigua capital teocrática, existe todavía hoy una "cabecera de puente".
Está constituida, en estos famosos lugares del antiguo esplendor egipcio, por la "ruta de los grandes nómades" hacia los oasis de Kargueh, Dakhel, Cufra, Merzug, a las puertas del Ahaggar oriental.
En esa masa se encontraban numerosos elementos provenientes también, desde mucho tiempo atrás, del país de origen, y cuyo tipo occidental se conservó siempre.
Eran los "colonos", los que ejecutaban y continuaban los trabajos indicados por grandes jefes y que en frisos y pinturas se asemejan como hermanos.
En los muros de los templos, en las tumbas, en las mismas laderas de las montañas de rocas pacientemente alisadas, comienza a inscribirse su historia, detallada escrupulosamente, como no lo fue en parte alguna.
Todo contacto habido en cualquier población fue grabado o pintado por los dirigentes y sin duda por numerosos artistas.
Allí se encuentran y son reconocibles los tipos más diversos: ningún pintor, ningún antropólogo, aun del siglo XX, consignó con mayor exactitud los signos distintivos entre los individuos. Lo que hace que podamos diferenciar a primera vista los menores matices en los extensos frisos que representan el trabajo de los campos, los oficios, la construcción; o hasta los hechos de guerra consistentes, durante milenios, en rechazar las invasiones de vecinos codiciosos de la riqueza, la hermosura y la benignidad del clima del Nilo.
Tales vecinos fueron en su mayoría los beduinos de Arabia, los nómades de Palestina, de Mesopotamia, que terminaron -después de las invasiones de los persas, de los macedonios y luego de los romanos- por ocupar el Valle Santo y reducir a la nada su civilización, su pueblo y hasta su pasado.
M. Weissen-Szumlanska: LA ATLÁNTIDA Y LOS ANTIGUOS EGIPCIOS

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