LOS PORTUGUESES EN LA INDIA y SÉNECA

 

Pasados los años, vendrán tiempos nuevos,

Soltará el Océano los lazos del orbe, 

y un gran continente saldrá de las olas,

y Tetis la gloria verá de otros mundos.

Y entonces la Tierra no acabará en Thule.

(Séneca, Medea)


En la portuguesa Goa, a mediados de noviembre de 1599, el cronista Diogo de Couto, que estaba terminando una de sus obras más oscuras, el Tratado dos Gama, buscó en los clásicos un pasaje que le valiera como dedicatoria a su patrón, el virrey del Estado da Índia, don Francisco de Gama (1565-1632), cuarto conde de Vidigueira, el mismo cuyos huesos sufrirían la humillación de que por error los transfirieran de Vidigueira a Belém en 1880. 

Era casi inevitable que diese con la Medea de Séneca. 

Lucio Anneo Séneca había sido, al fin y al cabo, de Iberia (nació en Córdoba, Andalucía), estoico (y Couto a veces se imaginaba que él también lo era) y un hombre de Estado e intelectual cercano al poder, como a Couto le habría gustado ser.




Para el propósito de Couto, la tragedia Medea era muy recomendable. Que tuviera relación con la leyenda de Jasón y los argonautas no era su menor atractivo.

Tal y como él mismo parafraseó los versos del coro (que citó en un latín correcto, no siempre su fuerte): "Vendrá un tiempo, aunque sea en los años postreros, en el cual serán rotas las cadenas del Océano hasta la última de las Tierras".

Couto con su fijación en Nec sit terris ultima Thule (Thule tampoco es la última de las tierras), cambió en su paráfrasis un tanto el significado del verso de forma que casase con sus propósitos. 

Por lo general, se supone que Thule se refiere a una tierra nórdica, de la que se decía que estaba a 6 días de navegación al norte de Gran Bretaña, y quizá refleja la percepción que en la Antigüedad se tenía de Noruega o de Islandia.

En siglo XVI muchos veían estos versos como una profecía. Es interesante que Fernando Colón escribiese en latín en el margen de su ejemplar de Séneca que su padre Cristóbal Colón había cumplido esa profecía en 1492.

Ni Fernando Colón ni Couto le prestaron atención a los versos precedentes del coro, que dicen muy poco oportunamente desde su punto de vista:


"Ahora los mares se sienten vencidos

y aceptan las leyes que dictan los hombres.

Ni es necesaria ya la célebre nave

de remos potentes movidos por reyes,

que fue construida por mano de Palas.

Ya cualquier barquilla recorre el abismo.

Han sido alterados del orbe los lindes,

y en tierras recientes se alzaron ciudades.

El mundo, patente, ya nada conserva

donde lo produce.

Ya beben los indios del frígido Araxes;

del Rin y del Elba beben ya los persas."


Es curioso lo paradójico que resulta aplicar esta visión de los indios bebiendo las aguas de un río armenio y los persas del Elba y el Rin a la expansión portuguesa por Asia o la castellana en el Nuevo Mundo.




Igualmente olvidó Couto que el sentido de los versos de Séneca era comparar una era anterior de la humanidad (la de los Argonautas) con la edad presente, en la que las exploraciones se han trivializado tanto que "ya cualquier barquilla recorre el abismo".

Peor aún, el héroe de una epopeya más antigua, Jasón, queda al final de Medea para decir que no hay dioses. Nada de esto casaba muy bien con la idea que Couto se hacía del viaje de su cristianísimo héroe Vasco de Gama de Lisboa a Calicut.


Sanjay Subrahmanyam: VASCO DE GAMA

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