LOS PRESAGIOS EN LA ANTIGUA ROMA (2ª parte)

 

Los presagios que se ofrecen no ya al oído sino a la vista, se denominan AUSPICIA(*). Éstos, literalmente, son signos dados por la observación de los pájaros, pero lejos de restringirse el término se extendió, a la manera de la palabra griega OIONÓS, a presagios diversos, relámpagos, rayos, apetito de los pollos sagrados, signos de encuentro fortuito.

Apenas el romano sale de su casa su conducta puede verse modificada por la aparición de uno de estos signos divinos. Pero aunque el temperamento latino mostraba esta tendencia a la superstición, uno de sus rasgos más constantes era también su pragmatismo, su gusto por la acción.

Así, para impedir que la lluvia de presagios paralizara su vida pública y privada, los romanos imaginaron toda una serie de medios eficaces que garantizaban al máximo su libertad de acción.




Podían rehusar toda atención a todos estos signos adivinatorios, literalmente no verlos, rechazarlos si los habían visto. 

De tal suerte, los AUSPICIA anunciaban el porvenir inmediato a menos que uno no hubiera tomado previsiones de antemano.

Pero era necesario que existiera un ritual preciso de los presagios para reglamentar la vida religiosa y la vida pública. De ello se ocupó en Roma un colegio de sacerdotes, los AUGURES, que asistían a los magistrados durante la toma de los auspicios.

La ciencia augural estaba hecha de ritos y de fórmulas complicadas que regulaban hasta en sus menores detalles las ceremonias necesarias para la observación y la justa interpretación de los auspicios.

Toda la religión romana está impregnada de un ritualismo que, si bien obliga a la aplicación perfecta de las reglas, elimina al mismo tiempo las incertidumbres del azar.

Sobre todo los técnicos de la auspicación conservan gran libertad, pues pueden elegir el momento, delimitar el "templo" (espacio celeste) de observación, rehusar tal o cual presagio.

En ciertos dominios, hasta fuerzan la mano a la divinidad. 


Raymond Bloch: LOS PRODIGIOS EN LA ANTIGÜEDAD CLÁSICA





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(*) Palabra formada por AUIS (ave, pájaro) y el verbo SPECIO (ver).

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