MEGALITOS E ISLAS SAGRADAS
Si examinamos un mapa de las regiones de megalitos, se impone inmediatamente una comprobación. Todos estos monumentos se encuentran en regiones costeras, insulares o cercanas al litoral.
Más aún, se hallan siempre en lugares donde terminan las corrientes marinas u oceánicas, como si el trazados de estas últimas les hubiese ofrecido vías de difusión en las grandes cuencas oceánicas del mundo.
La misma observación es válida para la difusión de los megalitos en las cuencas marítimas cerradas o internas -mediterránea, etc.- y en los golfos profundos.
No menos clara es la conexión entre la presencia megalítica y las islas sagradas.
La tradición ha dado siempre la mayor importancia a las islas, muchas de las cuales fueron consideradas sagradas.
Éste es el caso, en el Báltico, de las islas Gotland y Seeland; de Helgoland o Heligoland frente a la embocadura del Elba; de la isla de Man, en el mar de Irlanda; de Malta; de las Islas Afortunadas, en el Atlántico Oriental; de la isla de Marañón, en la embocadura del Amazonas; de la isla de Pascua; de Vancouver; de la famosa isla Blanca de las Serpientes -llamadas antiguamente Aquileya-, en el mar Negro; de algunas islas del archipiélago griego. Pero también de las islas situadas en ríos o en lagos, como la isla de Ada Kaleh, junto a las Puertas de Hierro del Danubio, o las islas del lago Titicaca, entre Bolivia y Perú.
Todas tienen o han tenido un nombre que atestiguaba su carácter sagrado.
Gotland es la isla de los godos, pero también la de los dioses.
Seeland, tierra de mar, pero Seeleland, tierra de las almas.
Helgoland: Heiliges land, Holy land, Tierra Santa.
La isla de Man, colocada bajo la protección del genio Hon-Gadarn, expresión de la fuerza demiúrgica de la Naturaleza.
Todas las tierras insulares en las que hay megalitos desempeñaron un papel importante en las creencias mitológicas de los pueblos que vivieron en ellas.
Pierre Carnac: LA HISTORIA EMPIEZA EN BIMINI

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