EL ESPÍRITU DEL LUGAR (GENIUS LOCI) - Clark Ashton Smith
"-Es un lugar muy extraño -dijo Amberville- pero a duras penas sé cómo transmitir la impresión que me causó. Todo sonará muy simple y ordinario. No hay nada más que un prado en el que abundan las juncias {una de las malas hierbas o yuyos más difíciles de erradicar}, rodeado por tres lados con colinas de pinos amarillos.
En el lado abierto, corre un arroyo, pequeño y melancólico, que se pierde en un cul-de-sac de espadañas {juncos} y suelo pantanoso.
El arroyo, corriendo cada vez más lentamente, forma un charco estancado, desde el cual parecen retroceder varios alisos de aspecto enfermizo, como si no deseasen aproximarse.
Un sauce muerto se apoya en el estanque, mezclando su reflejo, descolorido, como de esqueleto, con la inmundicia verde que jaspea el agua.
No hay mirlos, ni frailecillos, ni siquiera libélulas como las que se encuentran normalmente en sitios semejantes. Todo está silencioso y desolado. Ese lugar es malo, está maldito de una manera que no soy capaz de describir."
"El lugar parecía tener una mueca, macabra y satánica. Uno sentía que podría hablar en voz alta, podría pronunciar las imprecaciones de algún gigantesco demonio, o las burlas broncas de un millar de pájaros de mal agüero.
El mal transmitido era algo por completo ajeno al género humano, más antiguo que el hombre. De alguna manera, por fantástico que esto pueda parecer, el prado tenía el aspecto de un vampiro, que había envejecido y se había vuelto deforme en medio de infamias inenarrables. Tenía sed de otras cosas que no eran el torpe goteo de agua que lo alimentaba."
"-Yo no soy muy creyente en los fantasmas -comentó Amberville, que parecía haber tomado mi sugerencia sobre fantasmas en un sentido literal-. Lo que quiera que sea la influencia, difícilmente es humana en su origen."
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