EL ORIGEN DEL REINO DE NAVARRA

 

El nombre de Navarra aparece por primera vez en un texto histórico en la primera mitad del siglo IX: LA VIDA DE CARLOMAGNO, de Eguinardo.

Al recapitular los territorios que para el Imperio había adquirido Carlomagno, el historiador del emperador se refiere a la anexión de "la Aquitania, la Gascuña, toda la cadena de los Pirineos y el país hasta el Ebro, que, nacido en NAVARRA y después de recorrer las llanuras más fértiles de España, se lanza al mar baleárico bajo los muros de la ciudad de Tortosa".

"El pueblo navarro -escribe un moderno historiador, Francisco Elías de Tejada- es el heredero de una rama de aquellos pueblos vascones que, en los albores de la Reconquista, vivían en las montañas del Pirineo occidental sin formar cuerpos políticos, organizados en tribus patriarcalmente regidas, que habitaban valles y montes cubiertos de inmensos bosques, gozando de inmemorial independencia". 

Defendiendo duramente esta tendencia frente a musulmanes y carolingios, este pueblo afirmó su personalidad y le dio una estructura política en el primitivo reino de Pamplona, eslabón intermedio entre la tribu de los navarros y el reino de Navarra. 




Pamplona fue, por lo tanto, el primer núcleo de este Estado nacido en la porción occidental del Pirineo. Aunque la ciudad estaba defendida por las estribaciones de la cordillera y alejada de los caminos por donde penetraban en territorio cristiano los ejércitos musulmanes, había sufrido con frecuencia la presencia de fuerzas enemigas, musulmanas, francas o normandas.

A lo largo de aquella cadena de asaltos, saqueos y devastaciones, la ciudad había mantenido su sucesión episcopal y, desde principios del siglo IX, era asiento de una dinastía de reyes, que, en los comienzos de la centuria siguiente y en estrecha alianza con los soberanos de León, bajaron de las montañas de la Rioja alta y, tras una serie de vicisitudes que culminaron con la derrota de Valdejunquera ante las fuerzas de Abderrahmán III (920), llevaron a cabo la reconquista del país y dejaron engrandecido su reino hasta el Ebro.

Consolidada la reconquista de la Rioja alta, debió incorporarse al núcleo vascón primitivo una población del llano y la ribera, harto mermada por el continuo tránsito hacia el norte de las oleadas invasoras de sarracenos.

Poco después, el matrimonio de García Sánchez (925-970), hijo y sucesor de Sancho Garcés I, con Endregoto Galíndez, hija del conde aragonés Galindo II, colocaba bajo la autoridad del rey de Pamplona el pequeño condado aragonés, a la sombra del cual había crecido el monasterio de San Juan de la Peña.




Las tierras comprendidas entre el Pirineo y la sierra de Guara, solar del primitivo Estado aragonés, estuvieron, según parece, sometidas a los francos y gobernadas por condes carolingios, uno de los cuales, Oriol, dio nombre a la peña Oroel por algún episodio que no consignan las crónicas.

Esta dominación franca, que apenas dejó huella en la documentación y desconocen las tradiciones locales recogidas en el monasterio de San Juan de la Peña, fue cediendo ante el influjo creciente de Pamplona, coronado por la incorporación del condado aragonés al reino con ocasión del matrimonio señalado. 

 

Jaume Vicens Vives: HISTORIA SOCIAL Y ECONÓMICA DE ESPAÑA Y AMÉRICA


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