LOS LIGURES EN BUENOS AIRES A PRINCIPIOS DEL SIGLO XIX

 

La revolución de 1821 había sido un acontecimiento que había expresado claramente las disidencias de los ligures con la dominación del Piemonte.

El puerto de Buenos Aires era un buen lugar para la defección, especialmente si se contaba con apoyos en tierra. Muchos de ellos comenzaron a ubicarse en la Isla Maciel, frente a la Boca del Riachuelo desde 1829, dando origen al actual barrio porteño de La Boca. 

El Riachuelo o pequeño río jugó siempre un papel importante en el destino de Buenos Aires. En su desembocadura se fundó la primera ciudad en 1536. Fue puerto natural, área de concentración productiva desde la época de los saladeros y, sobre todo, límite político de la ciudad.

Situado en su extremo sudeste, la zona conservó siempre un sesgo marginal dentro del ejido, constituyendo un lugar privilegiado para las actividades marítimas. Era el único refugio natural para el fondeo y la reparación de navíos pequeños de la ribera y la ciudad, lo que ayudó a transformarlo en un centro de actividades comerciales y artesanales que, ya en la época de Rosas, giraban en torno de la navegación fluvial.

Allí estaban los paisanos que hablaban su misma lengua y era el lugar donde finalmente tocaban la costa las cadenas migratorias. 

Los trabajadores ligures vinculados a negocios navieros se concentraron en esta barrio que ya había adquirido carácter propio para la década del 1830 del siglo XIX. La leyenda dorada del inmigrante italiano que con su trabajo y esfuerzo forjó su destino americano, adquirió un perfil estable en este espacio.



Griselda Tarragó: DE LA ORILLA DEL MAR A LA VERA DEL RÍO: NAVEGANTES Y COMERCIANTES GENOVESES EN EL PLATA Y EL PARANÁ (1820-1860). Rosario, Prohistoria, 2011.

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