LA CIVILIZACIÓN DEL VALLE DEL INDO Y SU RELIGIÓN (2a. parte)
Continuación de
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Aún más significativas para el estudio del hinduismo son las figuras de un dios con cuernos y tres rostros, sentado en un escabel (asiento pequeño hecho de tablas, sin respaldo) con los talones juntos, en la postura de un yogui sumido en meditación profunda.
En un sello aparece rodeado por dos ciervos o antílopes, un rinoceronte, un elefante, un tigre y un búfalo. Él mismo ostenta dos cuernos parecidos a los de un búfalo o toro, y entre ellos una elevación en forma de abanico.
Todo indica que nos hallamos ante un prototipo del gran dios indio Siva como Señor de los Animales (Pasupati), a quien tan a menudo se representa con varios rostros. Era uno de los dioses hindúes más antiguos, y en calidad de Destructor componía la gran Tríada junto con Brahma, el Creador, y Visnú, el Conservador.
La complejidad de su carácter se debía a que, como Ra en Egipto, absorbía en sí las funciones de muchos dioses. Aunque especialmente asociado a la destructividad, se le identificaba también con los procesos de la reproducción como autor y dador de vida.
Por eso eran símbolos suyos el lingam y el yoni, figuraciones convencionales de los órganos generativos masculino y femenino. Tanto en Mohenjo-Daro como en Harappa se han encontrado símbolos fálicos en forma de piedras cónicas, y anillos grandes del mismo material que se supone serían yonis.
Se piensa , por tanto, que en la civilización del valle del Indo el culto a un dios de la fertilidad o de la vegetación análogo a Siva, que personificaba los poderes reproductores de la naturaleza estaba ya lo bastante establecido como para convertirse en elemento permanente de la religión india.
Efectivamente, John Marshall no vacila en afirmar que la religión del Indo "es tan característicamente india que apenas se distingue del hinduismo actual, o al menos de ese aspecto del mismo que aparece vinculado al animismo y los cultos de Siva y la diosa madre, aún hoy las dos fuerzas más pujantes de la religión popular.
De lo dicho cabe deducir que los comienzos del hinduismo hay que buscarlos en esta civilización antiquísima, que antes de establecerse en el noroeste de la India tuvo tras de sí un largo período de desarrollo.
El III milenio a. C. registró la confluencia de tres grandes corrientes de cultura -las de Mesopotamia, el Elam y el valle del Indo- cuyo lugar de origen habría que situar en algún punto entre Mesopotamia y la India, probablemente en las mesetas iranias.
Fue en las ciudades del Indo, en las que la vida transcurrió con escasos cambios desde aproximadamente 2500 a. C. hasta el momento en que, más de dos mil años después, fueron abandonadas en ruinas, donde se sentaron las bases de algunos rasgos característicos del hinduismo.
Más tarde, hacia 1500 a. C., llegó a la región una tradición religiosa muy distinta, importada por un pueblo de alta estatura y tez clara, de raza y lengua indoeuropea, que se llamaba a sí mismo ario.
Atravesando los pasos montañosos del Hindu Kush, estas poblaciones se derramaron sobre la India noroccidental, y con toda probabilidad encontraron las ciudades anteriores en ruinas, ya que, al parecer, habían sido destruidas por bárbaros del Oeste antes de la invasión aria.
Fue la coincidencia de este influjo del Noroeste con el movimiento migratorio hacia el Este en el valle del Indo y la región circundante la que, al romper la solidaridad de la civilización urbana estática, despejó el camino para la fusión de varias culturas diversas en una tradición religiosa común bajo la influencia consolidadora del hinduismo.
E. O. James: HISTORIA DE LAS RELIGIONES

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