LA NOTACIÓN DE LAS VOCALES EN LOS TEXTOS HEBREOS Y PERSAS ANTIGUOS
Continuación de EL JUDAÍSMO Y EL AVESTA
Se ha desistido de fechar el rollo de Isaías en la época de los macabeos. Debe ser varios siglos más joven. La tentativa de hacer legible, mediante signos de vocales intercalados, el texto defectivo del Antiguo Testamento, data probablemente del período posterior a las guerras romanas contra los judíos.
Forma parte del renacimiento anhelado. Y muestra cuáles eran las dificultades que se oponían a la ansiada restitución del texto original hebreo. Este camino tampoco fue transitable.
Las "madres de lectura" (v e y) intercaladas significan una violación del tradicional y sacrosanto texto defectivo. Eso abría la puerta a otras modificaciones, tal vez arbitrarias. Lo cual era tanto más grave cuanto que se acababa de fijar una vez por todas el texto defectivo en su forma auténtica.
Aún antes de 220 d. C. había empezado Orígenes su Hexaplá, edición crítica del Antiguo Testamento, para terminarla, después de una labor de 28 años, poco antes de mediados del siglo.
Según lo demuestran partes conservadas de la segunda columna, presuponía el texto hebreo en su forma canónica. Esto excluía alteraciones del texto o de la ortografía.
La cuestión de la vocalización permanecía, por cierto, sin resolver. Sólo a partir del siglo V se encontró un camino transitable, el mismo que más tarde siguieron el siríaco y el árabe.
Se introdujo un sistema de puntuación que agregaba signos de vocales al texto defectivo (compuesto exclusivamente por consonantes).
Así permaneció intacto el texto canónico y, no obstante, se satisfizo el deseo de vocalización.
La lengua del Avesta tomó un rumbo similar. También los escritos zoroástricos fueron anotados tal vez desde fines del siglo VI a. C. en escritura aramea.
A juzgar por el hallazgo de ciertas muestras de palabras y nombres, tampoco el Avesta primitivo había tomado en consideración las vocales. La utilización de "madres de lectura" era posible pero poco común.
Alejandro el Grande dio el primer paso. Su espíritu universal, que planeó la fusión de macedonios e iranios, del nuevo pueblo señorial con el antiguo a fin de obtener el tercero y futuro, no pudo pasar por alto la figura más grande del Irán.
La enunciación de Zoroastro, su propia literatura que se publicaba bajo su nombre, debía ser incluida en la nueva creación y, para tal fin, ser accesible a todos.
Alejandro hizo transcribir los textos sagrados en alfabeto griego. A fin de conferir eficacia a esta medida, se agregó una segunda ordenanza. Los nuevos reclutas iraneses que él pensaba incorporar a su ejército debían aprender la escritura griega.
Alejandro repitió lo que poco antes se había empezado con la Toráh: la transcripción al alfabeto vocal griego.
En ambos casos existía la misma necesidad, porque también el idioma del Avesta comenzó a extinguirse como lengua viva. Igual que el hebreo se conservaba en el culto.
Lo que Alejandro emprendió de esta manera fue de enorme importancia. Se trataba de transcribir al alfabeto griego más de dos millones de versos del Avesta.
Sólo un espíritu que llevaba todo un mundo dentro de sí podía proyectar semejante cosa, y sólo un conquistador del mundo era capaz de llevarla a cabo. Luego de su muerte se abandonó la empresa y lo que se había hecho fue depositado en la biblioteca de Alejandría.
Sin embargo este ensayo siguió produciendo sus efectos. Monedas de una dinastía del Irán oriental, exhiben todavía en el siglo II del imperio romano nombres de dioses zoroástricos, en transcripción griega fonéticamente fiel. En Turfán, la expedición de A. v. Le Coq encontró restos de manuscritos del siglo X en un dialecto iranés oriental, pero escrito en cursiva griega.
Pero igual que para el Antiguo Testamento, también para la gran masa de escritos del Avesta la innovación no podía imponerse a la larga. En un mundo en que cada religión, más aún, cada variante de ella, poseía su escritura y la conservaba tenazmente -así lo demuestran maniqueos y mandeos, jacobitas y nestorianos, sogdianos cristianos, maniqueos y budistas- ningún zoroástrico que se preciaba de tal renunciaba a su escritura propia en favor de la griega. Escritura era escritura sagrada, y ninguna ventaja práctica podía nada contra ello.
Nuevamente quedó sin resolver la cuestión de la vocalización. Y esto era tanto más apremiante cuanto que también el culto zoroástrico exigía una reproducción exacta de sus textos sagrados.
Así se dio el segundo paso, que también coincidió con lo que se pudo observar en dominio hebreo. Introduciendo "madres de lectura", vale decir signos de vocalización, se intentó prestar las ayudas necesarias a quienes debían leer -"murmurar"- los himnos, letanías y oraciones del Avesta.
Y se fue aún más lejos que los redactores del rollo de Isaías. El texto del Avesta arsacídico tardío podía expresar casi todas las vocales e insinuar por lo menos la lectura de los diptongos.
Pero tampoco se detuvieron en este punto. Los signos de vocalización significaban una ayuda, mas no garantizaban la seguridad que se necesitaba y deseaba en la reproducción de los textos sagrados.
En el Irán oriental se encontró la solución a fines del siglo II d. C. Conservando exteriormente la escritura aramea, pero siguiendo el principio fundamental de la griega, se creó el alfabeto de vocales del Avesta que aún hoy se usa. Cuando los primeros Sasánidas procedieron a recopilar el Avesta, ya encontraron ese alfabeto.
Franz Altheim: EL DIOS INVICTO

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