LOS MENHIRES Y EL SIMBOLISMO NUMÉRICO

 

Ya se trate de un carácter particular de las rocas, ya de geometrización voluntaria, presentan a menudo las más inesperadas formas.

Sea como fuere, su erección parece haber sido presidida menos por la idea o la función de mojones, que por mucho más sutil, de puntos de referencia en el tiempo.

Monumentos conmemorativos que convirtiéronse en monumentos culturales que encerraban las claves del hombre que los construyó -que encerraban las claves del hombre que los construyó-, los menhires se hallan aún bien lejos de haber revelado todos sus secretos.




En cuanto a los crómlechs, también en ellos fuerza la observación la diversidad de las formas. La forma clásica -la más extendida- es el círculo. En casi todas las regiones de megalitos se encuentran esos contornos circulares hechos de piedras clavadas en la tierra, las más famosas de las cuales son las de Stonehenge, en Inglaterra; la "Tumba del Rey", cerca del río Senegal; las de Do-Ring, en el Tíbet; de Orjon, en Mongolia y de Sillustanni, en el Perú. Stonehenge representa ya un tipo de monumento megalítico complejo.

Las alineaciones de piedras erigidas forman, en principio, largas filas, en ocasiones de más de un kilómetro. Las más representativas son las de Menec, Kerlescan y Kermario, en Bretaña.

Los dólmenes, primeros monumentos compuestos que responden a un plan articulado (mesas y soportes), y los dólmenes reunidos en avenidas cubiertas, son categorías conocidas cuyas piezas maestras constituyen las variantes de una inagotable serie de formas similares.




Para explicar los monumentos simples se ha recurrido siempre a razones de emplazamiento, sin encontrar apenas algo más que ciertos principios de orientación ligados a las secciones solares del año (posición del Sol en los equinoccios, en los solsticios, etc.).

En los monumentos complejos entra en juego otro elemento: el lenguaje, hasta ahora raramente descifrado del plano mismo del monumento.

Si el simbolismo de los números, que los misteriosos constructores debían de conocer -a juzgar por la cantidad de piedras erigidas en cada cuarto del conjunto-, los números 3, 4 y 5 tienen significados particulares. El profundo valor simbólico de la serie 3, 4, 5 es más determinante aún.(*)

Los egipcios conocían perfectamente el triángulo de Pitágoras, cuyos símbolos y representaciones se encuentran proporcionalmente en sus edificios, empezando por la Gran Pirámide.

Por otra parte, tiene una extraordinaria importancia para trazar en el suelo un ángulo recto, sin el cual no se habría podido orientar un templo y ni siquiera el complejo megalítico de Crucuno.

En efecto, si se dispone de una cuerda de nudos compuesta por 12 unidades de éstos se obtiene un ángulo recto por medio de tres estaquillas correspondientes a las longitudes de 3, 4 y 5.

Al mediodía, la sombra más corta de estas estaquillas señala exactamente la dirección del eje Norte-Sur.

En Mesopotamia y en Irán las cúpulas elípticas de templos se realizaban siempre valiéndose del triángulo 3-4-5.




Se han encontrado huellas del conocimiento y utilización de las virtudes geométricas 3-4-5 en la tumba de la reina Chubat de Ur, en Mesopotamia (comienzos del III milenio a. C.), así como en los principios que presidieron la erección de la Gran Pirámide.

Por otra parte, Matyla Ghika alude a excavaciones arqueológicas que atestiguan el empleo de este triángulo considerado sagrado desde la Edad del Bronce en la Europa Central.

Era necesario saber todo esto para edificar el monumento de Crucuno. Nos imaginamos al arquitecto manejando no sólo la plomada, la palanca y el plano inclinado, sino también los números cuya ley, según la tradición antigua, gobierna los sentimientos y las imágenes y para la cual el exterior es, en realidad, el interior.


Pierre Carnac: LA HISTORIA EMPIEZA EN BIMINI

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(*) En el simbolismo de los números, 6 representa la vida y la belleza; 3, la idea de la familia, de la trinidad, de la perfección. El 7 es el gran número de los astros móviles del cielo de los antiguos, elemento fundamental de la cronología y número sagrado. El 9 es el alfa y omega del simbolismo numérico, o sea, invención creadora. Nueve es uno, hacer decir Goethe a Fausto.

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