LOS POSESOS
Los relatos de posesión presentan numerosos rasgos comunes, cualquiera que sea el medio, el tiempo o la civilización. Se ha dicho que cada uno lleva dentro de sí un demonio, pero que no todos los humanos se convierten en su presa. Nadie sabe a quién podrá tocarle, siendo además contagioso.
Las disposiciones internas que preparan las posesiones se manifiestan en señales físicas, intelectuales y afectivas.
Los síntomas consisten, primero, en los cambios de mímica. Esto se completa, en algunos casos, con adelgazamiento e hinchazón de vientre.
Los rasgos expresan ira, odio, burla e insulto. El color cambia. Las nauseas y los vómitos aparecen junto con la lengua sucia y la fetidez de aliento.
El cuadro se completa con los vértigos, los dolores de cabeza y sensaciones que parecen provenir del exterior: dolores violentos en la nuca y en la columna vertebral.
La voz cambia también. Se vuelve grave, amenazadora o sardónica. Se burla de las personas más respetables y presenta insólitos propósitos obscenos o escatológicos.
Las reacciones de los posesos se caracterizan por la impulsividad agresiva, que se puede reemplazar por su contraria: la inhibición.
Los insultos, los gestos amenazadores y las palabras escritas por una mano que ha perdido todo control aparecen con brusquedad, de manera imprevisible, al igual que los calambres, las contorsiones de los miembros y las crisis convulsivas.
Dichas reacciones, aunque parecen escapar al control psíquico, no son inconscientes. El poseso sabe que otro piensa, habla y actúa por su conducto y sufre cruelmente. De igual manera tendrá conciencia de las inhibiciones y las padecerá.
La posesión turba las funciones femeninas. Crea embarazos ficticios con exagerada distensión del vientre, siembra el desorden en toda la vida instintiva, suprime el apetito o hace aparecer bulimias, junto a necesidades imperiosas de alimentos extraños o repugnantes en condiciones normales.
Entre las señales intelectuales se mencionan la facultad de conocer los pensamientos ajenos, los acontecimientos futuros o lejanos, el uso de lenguas desconocidas hasta entonces y, además, actos contrarios a las leyes de la Naturaleza, tales como la levitación o el desplazamiento instantáneo.
Las señales afectivas son menos evidentes. Del conjunto de hechos se deducen dos obsesiones fundamentales en los posesos.
Se trata, en primer lugar, de la obsesión de soledad moral, ligada a la de inferioridad, frecuente en las mujeres mayores, en las viudas, que viven al margen de sus semejantes y no tienen familia ni hogar; y en ciertos religiosos y religiosas, mal adaptados al monacato. Esta obsesión de soledad o inferioridad predispone a la posesión.
La segunda, es la obsesión de culpabilidad, el sentimiento pertinaz de creerse culpable de una falta o merecer castigo, que puede existir al margen de toda transgresión conocida íntimamente por la inteligencia.
PARADIGMAS. MITOS, ENIGMAS Y LEYENDAS CONTEMPORÁNEAS. Colección dirigida por Gustavo Frías
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La cuestión de la posesión diabólica se trata en diversas obras literarias, destacándose EL PARÁSITO de Arthur Conan Doyle (el creador de Sherlock Holmes), CARRIE de Stephen King, LOS DEMONIOS de Fiódor Dostoievski y dos novelas de William Peter Blatty: EL EXORCISTA y LEGIÓN.

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