LOS RITOS DE PASO O INICIACIÓN

 

Entre los pueblos llamados "primitivos", la iniciación de la pubertad es una costumbre generalizada a todo el grupo social (clan o tribu). Se trata, con tales prácticas, de marcar de forma concreta y simbólica el paso de la infancia a la adolescencia o a la edad adulta.

A veces existen varias iniciaciones sucesivas, las cuales van acompañando al niño a medida que crece.

Tras cada una de estas ceremonias, el infante pasará al grupo siguiente, adonde estará rodeado de amigos de su misma edad, que han salvado también la barrera precedente.

Y cada uno de estos grupos, de estas divisiones por edad, tiene su propio "gobierno" con sus leyes, sus secretos y sus tradiciones.

Estos "ritos de paso" son largos, complicados y frecuentemente crueles. Se practican en el curso de ceremonias colectivas que son, según de qué pueblo se trate, secretas o públicas.

De éstas últimas, los etnólogos han conseguido incluso sacar fotografías y aun películas.

La finalidad de tales actos es siempre la misma: el niño -en lo simbólico- debe "morir" para dejar paso a un ser nuevo que formará parte del siguiente escalón de esta escala jerárquica.

Van precedidos de un retiro, en el cual los infantes o los adolescentes recibirán la enseñanza oral- a la vez religiosa, social y práctica- de las tradicionales creencias de la tribu o del clan. 

El individuo iniciado debe tener la sensación imborrable de que efectivamente él "muere" primeramente, y "renace" después a una nueva vida.

Entre los Lobi del Alto Volta los muchachos y las muchachas son lavados en el río y embadurnados luego con cieno. Se le avisa que "la Bestia" va a venir  devorarlos y que ellos oirán en seguida el "grito de la Bestia" producido por instrumentos "sagrados". Luego les rapan la cabeza y les cambian de nombre: les enseñan el lenguaje secreto y las danzas rituales. 

Cuando vuelven a sus casas, tras las ceremonias, deben simular que no conocen siquiera los gestos de la vida normal y ordinaria. Así, se meten los alimentos por las orejas o las narices, trabajan el suelo con los mangos de las hoces, y las muchachas se empeñan en poner a hervir puñados de tierra dentro de las marmitas, mientras que unos y otros utilizan un lenguaje que se reduce a algunos sonidos inarticulados.

Se emprende entonces con ellos su "reeducación", tras la cual se les revela lo que es "la Bestia".

Es la iniciación de los adolescentes, que marca para ellos la adquisición de los deberes y los derechos inherentes a la nueva condición de adultos. Y estos ritos están destinados a afirmar la virilidad o la femineidad, según los casos.




A veces, se observa un período de transición, con curiosos ritos de "travesti".

Tras de ser circuncidados, los jóvenes Masai (en Kenia) llevan ropas femeninas y se peinan como hembras, pintándose los rostros con cal. Esto solo dura mientras la herida se cicatriza, pues luego pasan ya a ser guerreros.

La parte más comúnmente conocida de estos ritos de paso o de transición es la "circuncisión", operación que se da como rito un poco en todo el mundo. En muchos pueblos africanos hallamos también una "circuncisión" especial para las muchachitas: la "escisión" (la ablación del clítoris y de los labios interiores).

El origen de esta costumbre es misterioso y quizá pueda remontarse a las épocas matriarcales.

Otro de estos ritos de transición, y más extraño aún, es la "subincisión" del pene, operación que sólo se practica entre algunas tribus oceánicas. Es un rito de "afeminación" que trata de procurar a los iniciados determinadas propiedades periódicas del otro sexo.

Paralelamente a la operación sexual, o fuera de ella, los "ritos de paso" incluyen a veces verdaderas torturas.

Los etnólogos han descrito estas prácticas crueles y sangrientas en diferentes lugares (África, Australia, entre los pieles rojas de América): tatuajes con hierros candentes, escarificaciones, mordeduras de hormigas venenosas, que se complementan con otros ritos (aislamiento prolongado, músicas enervantes), y cuyo efecto es sumir al candidato en una estado de excitación o, al contrario, de estupor hipnótico.

Si estos "ritos de paso" constituyen una forma de iniciación común y obligatoria para todos los miembros de un grupo o clan, ello no excluye la existencia de una iniciación de segundo grado que correspondería al ingreso en las "sociedades secretas".

Incluso entre los pueblos que carecen de escritura, existen esos grupos cerrados, limitados, y para entrar en los cuales es preciso llevar a cabo, con éxito, las pruebas de la iniciación. 

En tales grupos cerrados es donde se halla el conocimiento completo del esoterismo religioso peculiar de esa tribu: cosmogonía, simbología, etc.

La posesión de un saber secreto, de tipo mágico o técnico, instaura por ende una jerarquía entre el grupo social. Así es como se crea la casta privilegiada de los brujos y hechiceros; los brujos y los "medecine-men" africanos; los chamanes del Asia central y septentrional, de los que se dice que en el transcurso de sus éxtasis emprenden en espíritu ascensiones celestes o descensos a los infiernos.

El hecho de poseer secretos profesionales es causa bastante para que en muchos pueblos "primitivos" sea considerado como un ser algo superior, situado por encima de sus paisanos. Hallamos así el gran prestigio del que gozan los trabajadores del metal, custodios de secretos y de técnicas celosamente guardadas.


Sege Hutin: HISTORIA MUNDIAL DE LAS SOCIEDADES SECRETAS


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