FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN Y LA SENSIBILIDAD HISTÓRICA
La sensibilidad histórica se afina con el continuado ejercicio de la observación del proceso histórico social; pero es imprescindible cierta aptitud previa que oriente acerca de las líneas hacia las cuales es preciso dirigir la atención, sin lo cual sólo es posible marchar a la zaga de quienes son capaces de orientarse o permanecer perdido irremisiblemente.
Es justamente esa aptitud la que parece florecer en los momentos de crisis históricas. La crisis estimula el afán de filiar su origen, su significado y su trascendencia. Y por esa vía se interna el espíritu en el campo de los problemas históricos hasta trascender de las primitivas y limitadas preocupaciones y llegar hasta una concepción de la vida histórica capaz de interpretar las graves exigencias de la hora.
Esto es lo que ocurre en la crisis del siglo XV, tan fértil en observadores sagaces y en historiadores con certera visión del proceso del cual formaba parte el presente.
Por eso el examen de una concepción histórica, en sus aspectos teóricos y en su funcionamiento circunstancial, otorga al observador un documento inestimable de la actitud peculiar con que la crisis se siente a sí misma.
Y unido a ese examen al de la concepción política y al de la concepción de la nación se configurará un cuadro fiel de ese momento decisivo.
La posibilidad de escrutar a fondo estas tres caras del problema (historia, política y nación) en la obra de Guzmán hace de él una figura clave para comprender esa época y llegar a las raíces de la dramática metamorfosis de las ideas.
No sabemos mucho de su vida privada y pública; pero acaso sea éste uno de los casos en que menos importa, porque abundan los testimonios de su posición espiritual en su obra, espejo de su incansable reflexión.
Sin embargo, acaso sea útil recordar que pertenecía Fernán Pérez de Guzmán a la vieja nobleza y que era sobrino del canciller López de Ayala, parentesco que ayuda a comprender su antiguo contacto con las letras y el ambiente cortesano.
Había nacido en el último tercio del siglo XIV -entre 1377 y 1379, aparentemente- y se extendió su vida de hombre maduro durante toda la primera mitad del siglo XV, pues parece que murió alrededor de 1460.
Participó en las luchas políticas que se desarrollaron entre las facciones señoriales constituidas durante el reino de Juan II, pero poco después de 1431 se alejó de ellas.
Parece que la batalla de la Higuera señala una etapa en su vida, adherido a la facción de los infantes de Aragón, uno de cuyos prohombres era su primo don Gutierre de Toledo. Poco después de ella abandona la vida pública y se retira a su castillo de Batres.
"Entre labradores vivo", dirá después.
Vivió acompañado de los espíritus selectos cuya obras leía con afán, abocándose a la reflexión y al ejercicio de las letras.
Nos ha quedado de él mucho más que el recuerdo de su efímera acción en el levantisco bando de los infantes aragoneses.
(continuará)
José Luis Romero: SOBRE LA BIOGRAFÍA Y LA HISTORIA

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