JOHN DEE Y EL AGENTE OO7 (5ª parte)

 

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Dee tenía la intención de familiarizarse con la tradición esotérica del judaísmo: la Cábala.

El hebreo se enseñaba en la universidad desde la intervención del rey Enrique VIII. Era considerado la lengua de la Creación. La Cábala escudriñaba sus arcanos el sentido oculto de las Escrituras, revelando los secretos del mundo.

Pico della Mirandola, filósofo y teólogo, nacido un siglo antes que Dee, decía que no había ninguna ciencia que demostrara más la divinidad de Cristo que la magia y la Cábala.

Pero la divinidad de Cristo revelada por la mística judía le interesaba mucho menos a John Dee que el aspecto numerológico de la misma. 

En cuanto al sentido oculto de las cosas, el astrónomo-astrólogo ansiaba obtener una copia de la ESTEGANOGRAFÍA de Johannes Trithemius, un libro escrito hacia 1499 considerado el primer tratado de criptografía.

Había oído decir que se podía conseguir en los Países Bajos. En diciembre de 1562, se dirigió a Amberes con el aval de sir William Cecil, el poderoso secretario de Estado y gran tesorero de la reina, que también había creado un servicio de espionaje.

El 16 de febrero de 1563, Dee le envió una carta entusiasta en la que le solicitaba prolongar su estadía para estudiar ese libro que acababa de encontrar por fin. 

Puede llamar la atención que un astrónomo que había partido en un viaje oficial para hacer imprimir el resultado de sus investigaciones tuviera que pedirle permiso a una autoridad tan alta. A menos que Dee estuviera usando la pantalla de sus asuntos privados para ocuparse de otros asuntos oficiosos, por cuenta de la reina.

Dee copió el manuscrito, lo estudió y, estimulado por el texto de Johannes Trithemius, escribió en sólo trece días, en latín, su MONAS HIEROGLYPHICA. 




Le dedicó su libro a Maximiliano II, diciéndole al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico que su escrito serviría para reorganizar la ciencia de los gramáticos, revelar una nueva notación de los números, revolucionar la geometría y la lógica, volver obsoleta la práctica corriente de la música, de la óptica y de la astronomía y, finalmente, ampliar para el cabalista y para el filósofo, la comprensión de su arte.

El epígrafe del libro, "Qui non intelligit, aut taceat, aut discat" (Quien no entienda, que calle o que aprenda), indicaba que esa clase de programa no estaba destinado al común de los mortales.

La reina Isabel I de Inglaterra, que había recibido un ejemplar, tuvo la humildad de confesar su total ignorancia y John Dee se apresuró a volver al país para darle clases particulares a su estudiante real.

O la clave de ese libro oscuro era oral, relacionada con las explicaciones que daba el autor, o el manual se perdió.

Ese deslizamiento hacia lo oculto de un libro de símbolos y teoremas no carecía de riesgos. La Iglesia anglicana imitó a la Iglesia católica en su juicio sobre la demonología.

Los padres fundadores de la Reforma, Martín Lutero y Juan Calvino, que originaron las dos grandes corrientes del protestantismo, también condenaron las artes adivinatorias.

Algunos años antes, Calvino había publicado una violenta "advertencia contra la astrología judiciaria".

Pero el mundo de Isabel estaba tan impregnado de pensamiento mágico como el de de sus contemporáneos y ella alentó a John Dee en sus investigaciones.

Tomó la costumbre de convocar a Dee a Whitechapel, la residencia real, para consultarlo sobre temas muy variados, desde su salud hasta sus pretendientes al matrimonio, pasando por los trabajos astronómicos de su astrólogo. 

Muchas de esas conversaciones se desarrollaron de un modo informal, en la estricta intimidad de un encuentro a solas. Dee no se refirió al contenido de estos diálogos en su autobiografía. Sólo hizo una alusión al hecho de haberle revelado a la soberana un secreto extraordinario, que había conocido durante sus estadías en Lovaina.


(continuará)


Vivianne Perret: HISTORIAS DE LO SOBRENATURAL

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