OSIRIS Y HORUS COMO GRANDES CIVILIZADORES DEL ANTIGUO EGIPTO (2a parte)
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Si hay algo mítico en el reinado terrestre de Osiris, es que tuvo lugar en otra parte, en el Primer País, al que se supone volvió después de su muerte, en el Amenti, la Montaña de Occidente, morada feliz entre todas las moradas.
Los antiguos egipcios no dejaron de pensar en ese "Primer País", de añorarlo, de desear volver a él.
Si es verdad que ese país se hundió en el oeste, en el extremo de Libia, donde se pone el sol, la desaparición de su centro civilizador, con lo que en él quedaba de sus clases superiores y de sus hermanos de raza, les habrá inspirado la esperanza de que esas almas se hallaran reunidas en las moradas de los bienaventurados, y su único deseo habrá sido encontrarse allí con ellas, cuando llegara su hora, en el Amenti, en los campos de Ialu.
Después de la derrota y la muerte de Osiris, Horus fue designado, a pesar de su corta edad, para sucederle en el nuevo país, donde se refugiaron su madre Isis y los dirigentes que pudieron huir durante las invasiones y después de la derrota de su soberano, muerto por Set.
Con esos acontecimientos comienzan los tiempos heroicos de la historia.
La muerte de Osiris, el advenimiento de Horus, la regencia de Isis, se cuentan entre las páginas más conmovedoras y menos objetivamente contadas de lo que es sin embargo una tragedia nacional, con esa llegada de los "grandes jefes divinos del horizonte del oeste por los caminos de los muertos".
Sabe Dios cuántos debieron morir en la "ruta de los grandes nómades", desde el cabo Soloeis(*), para que, en el medio lenguaje de los servidores de Horus, esa vía de comunicación fuese evocada siempre con el nombre de "camino de los muertos".
Y el texto del "Libro de los Muertos" prosigue: "en la noche del juicio de los que ya no son, ante los grandes jefes divinos de Sekhem, Horus fue investido heredero de los atributos de su padre de quien es el ojo. Horus, el retoño rojo, enteramente libre, a quien nada hiere". Es decir, el iniciado.
Estas líneas nacen de la sabiduría y de la ciencia de un pueblo que ha dejado gran cantidad de obras que atestiguan su grado de madurez. Tendrían que haber sido consideradas no como fábulas, sino como jalones del camino que lleva a los orígenes de la raza. La antropología nos autoriza a calificarla de raza atlántica, la misma de los innumerables cromañones.
Finalmente, un título como el que ostenta Horus, el de retoño rojo, con un sentido genésico, es una indicación perentoria de las fuentes del rito inexplicado, y casi inexplicable sin ellas, de pintarse el cuerpo con pintura roja.
Parecería que los hombres de Cro-Magnon recordarán, en ese rito original, a una raza de sangre todavía pura, en memoria de la cual se enterraba a los muertos de su descendencia espolvoreándolos con ocre rojo.
M. Wissen-Szumlanska: LA ATLÁNTIDA Y LOS ANTIGUOS EGIPCIOS
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(*) Accidente geográfico mencionado en la antigüedad, frecuentemente identificado con el actual Cabo Bedouzza o Cantín, en la costa atlántica de Marruecos. Era considerado por los antiguos griegos y cartagineses como el límite meridional de Libia (África).


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