AMÉRICO VESPUCIO Y SUS CARTAS

 

Américo Vespucio ha llegado hasta nosotros en sombras. El Padre Bartolomé de Las Casas negó su primer viaje. El cronista Antonio de Herrera repitió la misma negación. 

En 1811, el florentino Napione, en un examen crítico, supuso que los geógrafos de Lorena atribuyeron a Vespucio una carta que nunca escribió.

En 1879, un americanista norteamericano propuso que se considerasen falsas, no pertenecientes a Vespucio, todas las dificultades de interpretación que se hallaban en su documentación.

Desde entonces, investigadores y críticos han estudiado el caso de Vespucio con muy variadas suposiciones. 

El más eminente de otros tiempos, Henry Vignaud, tan conocido por sus discusiones colombinas, aceptó como auténticos los viajes de Vespucio. 

El más ilustre de los americanistas actuales, Roberto Levillier, con un análisis ceñido de los documentos y un aporte cartográfico monumental, que sus antecesores no conocieron. Acepta también como perfectamente históricos, los cuatro grandes viajes de Vespucio.

No obstante, las dudas subsisten en estudiosos de Europa y América. Vespucio es presentado como un farsante o un extraordinario descubridor. 

Una tercera posición es la de quienes, no conformes con estos extremos, ven a Vespucio como un marino vulgar y mediocre geógrafo, y atribuyen a manos anónimas la falsificación de todos los documentos que a él se refieren.




Estas falsificaciones, según las teorías, habrían sido de dos clases: la de los documentos manuscritos, que se conservan en archivos y han sido descubiertos y publicados por eruditos modernos, y la de los documentos impresos en vida de Vespucio, que circularon por Europa, fueron reimpresos muchas veces y originaron comentarios de admiración. 

Los críticos que aceptan los documentos impresos niegan los de los archivos, y los que aceptan los documentos de los archivos niegan los impresos.

Si alguien siguiera las afirmaciones de unos y de otros se llegaría al caso, único en la historia de América, de un personaje semi existente, apenas conocido por escasas referencias que, no obstante, fue nombrado Piloto Mayor de la Corona española y fue utilizado, por inventores desconocidos, para referir cuatro grandes viajes nunca realizados.

Lo curioso es que estos viajes, reducidos a dos por críticos más conformistas, como Magnaghi, no se sabe por qué razón habrían sido imaginados ni quienes los habrían referido.

Los que presentan a Vespucio como el autor de estas invenciones suponen que lo hizo por vanidad, para atribuirse la realización de unos viajes que nunca realizó.

Los que piensan en inventores anónimos elucubran que fueron florentinos deseosos de tener también ellos, como los genoveses, un navegante que hubiera hecho cuatro viajes a América.

La historia no puede demostrar que hayan existido estas rivalidades de ciudades.

Por otra parte, realizar cuatro viajes a una América ya descubierta y en gran parte explorada, no coloca a Florencia ni a Vespucio por encima de Génova ni de Colón.




Además, no se explica por qué, los autores de las cartas manuscritas las compusieron y las guardaron cuidadosamente en archivos, sin hacerlas divulgar, a tal punto que fueron descubiertas siglos más tarde, en forma casual.

La oposición de Las Casas tiene un motivo: quiso negar que alguien, fuera de Colón, hubiera tocado las costas del continente americano, no la isla de El Salvador. 

Herrera es un mero repetidor de Las Casas. La divulgación de cuatro grandes viajes en cartas impresas que tuvieron enorme difusión no originó, en su conjunto, una sola refutación, dado que Las Casas y Herrera se refirieron sólo al primer viaje. 

Llegamos a la conclusión de que los viajes de Vespucio no constituyeron un misterio, ni un problema, ni un escándalo mientras el florentino vivió. Nadie lo presentó como un impostor, ni nadie dudó de sus palabras, sino que, por el contrario, recibió los más grandes honores que, como perito en navegaciones, pudo recibir un nauta del siglo XVI después de Colón. 

Fueron los historiadores, principalmente portugueses, quienes quisieron y quieren hallar dudas, misterios y fantasías en sus escritos, tanto en los de su puño y letra como en los impresos, negando lo mismo unos que otros o aceptando lo poco que podía coincidir con otros viajes conocidos.


Enrique De Gandía: LA AUTENTICIDAD DEL EPISTOLARIO VESPUCIANO




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