DRIEU LA ROCHELLE, BORGES Y VICTORIA OCAMPO
Hace poco leía en una vieja revista Sur la conferencia dada por Victoria Ocampo ante el suicidio de Drieu.
Una necesidad de lo políticamente correcto, una justificación de por qués y de motivos absolutamente innecesaria.
No se necesita justificar a un amigo justo cuando se ha matado, pero el sistema se lo exigía para seguir siendo quien era.
Ella, que se creía la cumbre de la aristocracia intelectual, terminó haciendo algo de muy mal gusto.
Borges estuvo mejor cuando en un reportaje le marcó al periodista que no había nombrado a Drieu entre sus amigos. Borges solo quiso que se recordara a Drieu; era demasiado inteligente como para entrar en bajas justificaciones.
Victoria Ocampo tuvo que jugar el papel de lo que representaba, ella hacía política cultural —con mucho de positivo, por cierto—; Borges, en cambio, era Borges… y lo sabía.
Es la diferencia entre ser y representar.
Hoy ya no hay filtro, el dominio cultural no permite grietas. Ya no le hace falta negociar, todo es un insolente marasmo de bajezas.
Juan Pablo Vitali
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