ANATOLE FRANCE - Pío Baroja
Anatole France tenía una cabeza de pepino, un cuerpo de gigante, unas manos enormes y, con todo, un endiosamiento extraordinario.
Yo le vi varias veces en una estampería próxima al Instituto, y en una de esas veces con dos mujeres jóvenes y elegantes que le mimaban y le llamaban "querido maestro".
Entonces se creía que Anatole France había hecho desaparecer toda la literatura del siglo XIX y que inauguraba una época nueva.
No me creo envidioso. Si lo fuera, lo diría sin molestia. No tengo constitución hepática. No tiendo en la vejez a ponerme verde, sino incoloro como el papel.
Si France hubiera sido un tipo a lo Byron, o a lo Shelley o a lo Dickens, me hubiera gustado verlo entre damas que le contemplaran y mimaran; pero aquel hombre con su facha de gendarme pavoneándose, me parecía ridículo.
Anatole France parece que era hombre de poco fiar y de hacer una trastada al lucero del alba.
A mí esta clase de tipos no me hacen gracia. No creo que sea por envidia. Si hay antipatía, es una antipatía gratuita.
Muchas acciones de France me parecieron poco simpáticas, como la de lanzarse con toda su fama contra un escritor popular como Jorge Ohnet, el cual no tenía más achaque que haber ganada algún dinero. Hay que tener un fondo bajo y mezquino para eso.
Anatone France dice hablando de Dickens que es un exaltado absurdo y que si ve a un borracho que pega a una chiquilla de la calle se excita y le parece algo bárbaro que clama al cielo.
Pero eso nos pasa a todos. Yo, al menos, si viera en la calle que le pegaban a una muchacha o un hombre con aire de gendarme como France, si pudiera iría a defender a la chiquilla. Al tipo como Anatole France lo dejaría que se las arreglara como pudiera.
A mí France no me parece muy original. De época anterior a la suya, me gustan más Balzac, Merimée, Stendhal; y de su época, soy entusiasta de Verlaine.
Pío Baroja: MEMORIAS

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