EL COMERCIO ENTRE LOS MAYAS
Los comerciantes mayas, llamados ppolm, pertenecían a un gremio respetado. Al igual de los pochteca aztecas, se contaban entre la gente de mayor importancia. Tenían su propio dios, Ek Chuuah y sus propias reglas de conducta social.
No pagaban tributo y poseían especiales privilegios sociales. Operaban flotas de canoas y tenían almacenes para el intercambio a lo largo de la costa del Golfo de México, así como en lo más profundo del territorio maya.
Hernando Cortés, en su famosa jornada que hizo a través de las tierras mayas en 1524 para castigar una revuelta, encontró pruebas de caminos pavimentados de piedra con casas de descanso a la vera de ellos y adelante del lago Petén capturó a un indio maya de alta jerarquía, quien le manifestó que era mercader y que en unión de sus esclavos había hecho viajes hasta esos lugares a bordo de sus embarcaciones.
El crédito comercial se concedía, recibía y se ampliaba. Los contratos eran orales, no existían documentos.
Los negocios se cerraban bebiendo públicamente, con lo que se destacaba la "legalidad por medio de la publicidad", sistema éste peculiar de los mayas.
La falta de pago o disputas sobre las condiciones orales estipuladas, a menudo originaban guerras.
El comercio se hacía en gran escala, en grandes cantidades de mercadería. Por ejemplo, de telas de algodón.
Los artículos de lujo también eran motivo de un gran tráfico: cacao, cuentas de piedra, piedras verdes llamadas tun, cuentas de topacio para la nariz, cochinilla para teñir, alumbre y, desde la distante Huasteca de habla maya, llegaba el asfalto o betún, que aquellas tribus recogían de los veneros (manantiales) de petróleo cercanos a Tabasco, que en la actualidad constituyen la región petrolera más importante de México.
Usumacinta arriba, se hallaban las grandes ciudades-Estado de Piedras Negras y Jaxchilan y cerca de ellas, sobre un pequeño río tributario, Palenque. Negociantes originarios de ellas, bajaban con el copal, la resina mágica y olorosa que se usaba como incienso en toda Centroamérica y que tenía mucha demanda en México.
Pieles de jaguar y puma, fruta, vainilla (para sazonar el chocolate), madera, cal y arcilla eran artículos necesarios en el comercio de esa época.
En la V Carta de Relación de Cortés dirigida a Carlos V (3 de septiembre de 1527), en la que narra su asombrosa marcha de 600 kilómetros por territorio maya, habla de la provincia de Acalán, en los siguientes términos:
"Es de gran tamaño y comprende mucha gente y ciudades, muchos mercaderes con esclavos para llevar su mercancía parten de aquí con destino a todas partes, ... telas, colores para teñir, candelas de árbol para alumbrarse (largas rajas de pino), tan repletas de resina que arden como velas".
La mayoría de todo eso iba por tierra hasta el Usumacinta y luego por canoa río abajo.
En segundo lugar del cacao, se contaban los esclavos. Tabasco, entre cuyas poblaciones estaba Xicalanco, era un mercado excelente para este renglón. Fue allí donde en 1518, cuando Cortés iba en camino de la conquista de México, le concedieron la famosa mujer Malinche, "La Lengua", más tarde honrada por los españoles con el nombre de doña Marina por la parte que desempeñó en la toma de Tenochtitlán.
Era originaria de la población de Paynama, a ocho leguas de Coatzacoalcos, en Tabasco. Su padre había sido cacique de ese lugar. Cuando su madre se casó otra vez, su presencia se consideró inconveniente y la entregaron como esclavos.
Victor W. von Hagen: EL MUNDO DE LOS MAYAS


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