Dionisio, en la antigua Grecia, íntimamente unido a la adoración a la serpiente curativa, concedió al rey Midas el don de convertir en oro todo cuando tocara. Pero el pobre rey Midas convirtió hasta a su propia hija en oro. El único modo que el rey tenía para "curarse a sí mismo" del don de la serpiente era encontrar y bañarse en una fuente sagrada. En este procedimiento de curación, el vínculo entre el simbolismo de la serpiente y el agua es de una importancia suprema, ya que la historia nos enseña que los regalos de la serpiente no son siempre dignos de ser deseados. Lo mismo sucede con el Grial pero de un modo invertido: quienes lo desean nunca podrán tenerlo. Los pozos sagrados se encuentran a lo largo y ancho de toda Europa, lugares sagrados de un tiempo ya pasado, ahora cristianizados sin que puedan ser reconocibles. En mucho de estos lugares se han encontrado indicios que demuestran que la práctica de sacrificios, tanto humanos como de animales, estaba extendid...
Hacia 1872 José Hernández llegó a Buenos Aires proviniendo de la provincia de Entre Ríos y se alojó en el Hotel Argentino, ubicado en la calle 25 de Mayo, 11. En las inmediaciones de la Plaza de Mayo. Ocupó una habitación en el primer piso. Ese hotel se había construido en 1869, siendo el más destacado a fines del siglo XIX en la ciudad de Buenos Aires. Su entrada principal se hallaba en la esquina de 25 de Mayo y Rivadavia. El Argentino se distinguía por su recova sobre la calle Rivadavia y la balaustrada que coronaba su segundo piso y por sus balcones de herrería fina desde los cuales se tenía una inmejorable vista al Río de la Plata. Se hallaba cercano al muelle de pasajeros. Contaba con un establecimiento de baños público anexo e iluminación a gas. Fue demolido en 1928. Por encargo de los Martínez de Hoz, el arquitecto Alejandro Bustillo diseñó el actual edificio al año siguiente, un inmueble de rentas de oficinas. En la década del '40 fue adquiri...
A los historiadores les fascina -viendo como ven, el final de la historia- el contraste de los miembros de la casa de Arnulfo, intendentes de palacio descendientes de Pipino de Landen y Arnulfo de Metz, adueñándose del poder real. Pero los Arnulfos no pueden haber visto así las cosas. No pueden haber visto la progresiva degeneración de los merovingios, ni que el papado los ayudaría un día a cubrir su terrible falta de sangre real, mediante una fuente distinta de sacrosantidad. La dinastía no se formó a través de un movimiento ascendente. Los Arnulfos debían su poderío a la tierra. Cultivaban ricas posesiones en las Ardenas y Brabante, dos de las cuales -Landen y Heristal- dieron su nombre a miembros de la familia. Es posible que hayan existido también otros grandes señores, "austrasios y neustrianos", con posesiones igualmente extensas; pero la posterioridad no se preocupó por su memoria. Los Arnulfos, sin embargo, nada extraordinario hacían cuando usaban ...
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