A los historiadores les fascina -viendo como ven, el final de la historia- el contraste de los miembros de la casa de Arnulfo, intendentes de palacio descendientes de Pipino de Landen y Arnulfo de Metz, adueñándose del poder real. Pero los Arnulfos no pueden haber visto así las cosas. No pueden haber visto la progresiva degeneración de los merovingios, ni que el papado los ayudaría un día a cubrir su terrible falta de sangre real, mediante una fuente distinta de sacrosantidad. La dinastía no se formó a través de un movimiento ascendente. Los Arnulfos debían su poderío a la tierra. Cultivaban ricas posesiones en las Ardenas y Brabante, dos de las cuales -Landen y Heristal- dieron su nombre a miembros de la familia. Es posible que hayan existido también otros grandes señores, "austrasios y neustrianos", con posesiones igualmente extensas; pero la posterioridad no se preocupó por su memoria. Los Arnulfos, sin embargo, nada extraordinario hacían cuando usaban ...
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