JULIUS EVOLA Y SUS ESTUDIOS

 

Evola ha sido sin duda uno de los más profundos conocedores del esoterismo. Sus trabajos sobre el Hermetismo, el Budismo y el Tantra constituyen obras de referencia obligada y son citados por Jung, Schuon, Burckhardt, Varenne y los estudiosos contemporáneos.

Y este conocimiento se ve enriquecido en su caso con el de la cultura y la filosofía alemanas. Fue traductor de Bachofen y Spengler, y agudo intérprete de Nietzsche, Jünger y Schmitt.

Desde una erudición tal -en la que se incluyen la literatura clásica griega y latina, las épicas indoeuropeas, el taoísmo, el canon budista, el psicoanálisis y los escritores europeos contemporáneos- la producción de su pensamiento ha logrado una síntesis dirigida a plantear el dilema del ocaso occidental.

Y en este punto la filosofía de Evola expresa su visión de la historia en términos de la retrogradación de las castas: la paulatina decadencia de los valores dominantes, desde su carácter sagrado y heroico en las civilizaciones tradicionales hasta el canon mercantil y productivo como medida de todas las cosas, para llegar al individualismo ciego que hoy predomina, la moral hipócrita e inmediatista de los chudras.




En este sentido se puede caracterizar al pensamiento de Evola como una condensación de la crítica de Friedrich Nietzsche al occidente cristiano unida a la concepción de la Tradición de R. Guénon.

Es ésta una filiación que el mismo Evola reconoce y se puede rastrear en la evolución de sus textos.

De Nietzsche toma sin duda el énfasis en los valores aristocráticos heroicos y el desprecio de la modernidad como consecuencia necesaria de la victoria de los esclavos en la moral realizada por el judeocristianismo.

En la misma dirección Evola retoma la pintura del último hombre de Así habló Zaratustra para describir la mentira del mito de la prosperidad que propone una vida anodina y construye el tipo de ser humano de la disolución: del demonismo de la economía y de la pérdida de cualquier ordenamiento de índole sagrado, cuestiones que el autor desarrolla especialmente en LOS HOMBRES Y LAS RUINAS. 

De tal manera, en su crítica de las ilusiones anestésicas propias de la civilización actual resuenan continuamente las palabras de Nietzsche, reivindicando la figura del guerrero.


Leandro Pinkler


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