LOS GERMANOS Y EL IMPERIO ROMANO

 

 


En el curso del siglo III de nuestra era, dos confederaciones de bárbaros se establecieron en el sudeste de Europa.

Las fuentes literarias nada nos dicen acerca de las mismas, y apenas lo hace la arqueología. Sabemos por lo menos que dichas confederaciones comprendían tribus integradas por pueblos de la Germania oriental, pueblos con una larga historia de migraciones detrás de ellos.(*)

Eran pueblos antiguos, de hábitos establecidos y tradiciones complejas; bárbaros, pero no salvajes.

Ambos pertenecían a esa sección de los pueblos germánicos conocida con el nombre de godos. 

El grupo oriental, los ostrogodos, ocupaban o controlaban las estepas que se extienden entre Crimea y los ríos Don y Dniester.

El grupo occidental, o visigodos, vivía en las tierras entre los ríos Dniester y Danubio.

Ambos eran, en gran medida, pueblos de pastores; y, tal como a otros muchos pueblos semejantes, les debe haber resultado una verdadera lucha el sobrevivir. En realidad, no habrían podido hacerlo si no hubieran comerciado regularmente con el Imperio Romano.

Más allá, detrás de ellos y hacia el norte, vivían los hunos asiáticos, que nada tenían que ver con los germanos; y fue la invasión repentina y todavía sin explicar, de estas tribus, lo que produjo la ruptura de las más estables confederaciones germánicas, y dio impulso a un movimiento masivo de tribus bárbaras cuya contención resultó imposible para las fuerzas del Imperio de Oriente.

Una cosa era absorber tribus aisladas, ya fuese como colonos o como mercenarios. El Imperio Romano tenía al respecto una larga experiencia. Pero resultaba muy distinto tener que hacerse cargo de improviso de miles de ellas.

Era inevitable un choque armado. Sobrevino el 9 de agosto del año 378, en las proximidades de Adrianópolis, no muy lejos de la capital del Imperio de Oriente.

Los mercenarios imperiales fueron derrotados por una gran carga de caballería, y el mismo Emperador resultó muerto. Fue un desastre de primera magnitud.

Después de esto las provincias orientales estuvieron expuestas a la devastación y al saqueo, actos en los cuales participaron tanto los godos y los hunos como las tribus que les estaban subordinadas, empujados por el hambre. Lo único que podía hacer Constantinopla era defenderse de la destrucción.

También el oeste estaba expuesto al ataque. 


J. M. Wallace - Hadrill: EL OESTE BÁRBARO


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(*) Los germanos del oeste (que en los días de Tácito ocupaban la región del Oder y el Elba), eran los francos, alamanes, sajones, frisones y turingios. 

Los germanos del este (que diferían de los del oeste en dialecto y en costumbres, y que vivían al este del Oder) eran los godos, vándalos, burgundios, gépidos y lombardos.

Un tercer grupo del norte, los escandinavos, no abandonaron sus lugares de  origen.

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