LOS ORÍGENES DEL GIBELINISMO MEDIEVAL
Para la realización de la personalidad humana en el Medioevo se distinguía la vía de la ACCIÓN de la vía de la CONTEMPLACIÓN, siendo ambas referidas habitualmente a Imperio e Iglesia. Ésta fue también la idea de Dante.
El gibelinismo, en su aspecto más profundo, sostenía que, a través de la vida terrena como disciplina, milicia y servicio, el individuo puede ser conducido más allá de sí mismo y perseguir así el fin sobrenatural de la persona humana a través de las vías de la acción bajo el signo del Imperio.
Ello estaba relacionado con el carácter, no de tipo natural, sino providencial de institución reconocido al Imperio.
A su vez, en la misma relación con la cual el clero y las Órdenes ascéticas se encontraban respecto de la Iglesia, se hallaban también, respecto del Imperio, la caballería y las grandes Órdenes caballerescas, basadas sobre una idea más ético-espiritual que política, y en parte también ascética, de acuerdo a una ascesis no claustral y contemplativa, sino guerrera.
El ejemplo más típico de lo último estuvo constituido por la Orden de los Templarios y en parte también por los Caballeros Teutónicos.
Los Templarios tenían una iniciación propia y una doctrina esotérica, reservada a los altos grados, no referible a la simple religiosidad cristiana administrada por la Iglesia, de carácter exotérico.
Ahora bien, es importante tener presente que el gibelinismo medieval, a tal respecto, no hizo sino retomar una más antigua tradición.
PONTIFEX MAXIMUS es el título asumido por el jefe supremo de la Iglesia católica. Pero, a su vez, éste ya había sido un título real e imperial. Así habían sido llamados los jefes de la primera Roma y, más tarde, los emperadores, desde Augusto en adelante.
PONTIFEX quiere decir "hacedor de puentes". No se trataba de la construcción de puentes materiales, sino de la función de establecer un enlace -un "puente" simbólico- entre el mundo de los hombres y el mundo sobrenatural.
No distinta función era pues originariamente atribuida a los jefes. De allí el dicho "quien es jefe que nos sea puente".
Los papas, al pretender ejercer la misma función, retomaron por lo tanto aquel título de la antigua tradición imperial romana, en lo cual se podría ver incluso una usurpación.
De cualquier manera, sea el símbolo, como la función "pontifical" habían preexistido al cristianismo y se habían asociado íntimamente a a la idea precristiana romana de la soberanía. Lo que fue propio de la Roma antigua lo fue también de muchas ciudades no cristianas o precristianas.
Julius Evola: LOS HOMBRES Y LAS RUINAS

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