MARAGATOS, GAUCHOS Y EREMITAS
La Verdad con mayúscula buscaba la Orden del Temple. Era la misma Verdad que por otros caminos convergentes buscaron otros hombres que hoy llamamos santos u ocultistas. De una cosa y de la otra tuvieron los eremitas del Bierzo(*).
Si nos situamos en el castillo de Ponferrada y buscamos el mediodía con la brújula, veremos que esa dirección coincide con el monte Aquiana (1.848 metros de altitud), que fue desde tiempos muy anteriores al cristianismo monte sagrado de la comarca del Bierzo.
Si seguimos la ruta primitiva de los peregrinos de Santiago desde Astorga, encontramos pasado el pueblecillo maragato(**) de Foncebadón, una gran cruz oxidada a la derecha del camino.
La cruz se levanta entre un enorme montón de piedras. La llaman la Cruz de Ferro y la tradición jacobea exige que el viajero añada una piedra más al montón para propiciarse la suerte en la etapa que sigue.
Este lugar de la cruz fue antes de cristianizarse un altar elevado al Mercurio romano, divinidad que entre otros tantos atributos tenía a su cargo la protección de los caminantes.
Poco después de Foncebadón, la carretera termina en El Acebo, una aldea casi abandonada. A la entrada del pueblo hay una fuente que se llama de la Trucha, en remoto y olvidado recuerdo druídico.
Una comarca con una historia extraña de santidad, casi increíble si la tomamos al pie de la letra, tal como nos la quieren contar. Fue en lo más intrincado de estos montes donde surgió hacia el siglo VII, en pleno poder visigodo sobre la península, un movimiento masivo de eremitismo que se aglutinó en torno a la figura de san Fructuoso. Pero, ¿quién era san Fructuoso?
Un insólito santo. Si recorremos España, lo encontraremos en Catalunya, en Huesca (Aragón), en los desiertos eremíticos segovianos, y hasta en el santanderino valle de Cabuérniga.
Siempre se trata de un santo eremita, pero creo que nadie podría asegurarnos si se trata del mismo o de otro santo con el mismo nombre. O de varios.
De éste del Bierzo sabemos que viajó a Complutum (Alcalá de Henares) y que lo aprendido allí de los sabio ermitaños habitantes de las cuevas que bordean el río Henares le sirvió, al regresar a su tierra del noroeste, para fijar su destino.
Se retiró a los montes bercianos, predicó, fundó eremitorios y llegó a ser obispo de Braga, después de demostrar su santidad con prodigios increíbles.
En el año 646 el rey visigodo Chindasvinto hizo donación al eremita de unas tierras que abarcaban buena parte de aquella serranía de los montes de León y, en poco tiempo, aparentemente toda la comarca se plagó de anacoretas que buscaban su perfección a la vera de san Fructuoso.
Las cuevas se superpoblaron de hombres, mujeres y hasta de familias enteras dispuestas a entrar en el paraíso por la puerta grande la santidad.
Dicen que allí hubo tantos anacoretas que los reyes llegaron a preocuparse seriamente ante la merma de los hombres que aquella grey de aspirantes a santos significaba para sus ejércitos.
La invasión musulmana terminó momentáneamente con aquella epidemia de santidad. Muchos eremitas huyeron hacia las comarcas del norte y formaron el núcleo religioso en los primeros tiempos del reino cristiano de Asturias.
Luego, cuando Alfonso II extendió sus fronteras, regresaron al Bierzo, como siguiendo una querencia ancestral, y dieron nueva vida a los cenobios (comunidad religiosa donde los monjes viven en común) y a las cuevas santas.
Juan G. Atienza: LA META SECRETA DE LOS TEMPLARIOS
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(*) Región española situada en el tercio occidental de la provincia de León, en la comunidad autónoma de Castilla y León.
(**) Los maragatos dan nombre a la comarca de la Maragatería, en León. Se han destacado históricamente como arrieros y mercaderes. Han tenido fama, al igual que los vascos, de gente muy honrada. La ciudad de Astorga es el centro histórico de esta comarca.
Grupos de maragatos emigraron tempranamente al actual territorio argentino y uruguayo, poblando la llanura pampeana y la Patagonia. Fundaron localidades como Carmen de Patagones, en el extremo sur de la provincia de Buenos Aires, y Viedma, en Río Negro. Por ello el gentilicio "maragato" se aplica a los nativos de Carmen de Patagones y a los del departamento uruguayo de San José.
Los maragatos influyeron en la conformación del gaucho rioplatense, especialmente en su vestimenta y en su estilo de vida arriero.



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