MÁS ALLÁ DE LAS TRES DIMENSIONES
Ninguno de los dos éramos supersticiosos pero el estudio científico y la reflexión nos habían enseñado que el conocido universo de 3 dimensiones abarca una mínima parte de la sustancia y energía del cosmos total.
En aquel caso, existían numerosas pruebas auténticas de la existencia de fuerzas dotadas de un gran poder y, desde el punto de vista humano, de una excepcional maldad.
Afirmar que creíamos en vampiros o en hombres-lobo no sería exacto. Más bien puede decirse que no estábamos dispuestos a negar la posibilidad de ciertas modificaciones anormales y sin clasificar de la energía vital y la materia diluida, existentes con poca frecuencia en el espacio tridimensional, a causa de su más íntima relación con otras unidades espaciales, pero lo suficientemente próximas a la nuestra como para manifestarse ocasionalmente en formas que, por faltarnos una perspectiva adecuada, escapan a nuestra comprensión.
En resumen, creíamos que una incontrovertible serie de factores indicaban la existencia de un influjo persistente en la Casa Maldita que se remontaba a una u otro de los colonos de hacía dos siglos, y que seguía actuando según insólitas y desconocidas leyes del movimiento atómico y electrónico.
Howard Phillips Lovecraft: LA CASA MALDITA

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