METALES, ASTROLOGÍA Y TRADICIONES ANCESTRALES

 

Según la opinión de los sabios, el oro es engendrado por un azufre del color más claro posible y bien purificado y rectificado en la tierra, bajo la acción del cielo, principalmente del sol, de manera que no contenga ningún humor que pueda ser destruido o quemado por el fuego, ni ninguna humedad líquida capaz de ser evaporada por el fuego.

El Bergbüchlein explica igualmente el nacimiento del cobre por la influencia del planeta Venus, el del hierro por la de Marte, el del plomo por la de Saturno.

Este texto es importante. Atestigua la existencia, en pleno siglo XV, de un complejo de tradiciones mineras que derivan, por una parte, de la concepción arcaica de la embriología mineral y, por otra, de especulaciones astrológicas babilónicas.

Estas últimas son, evidentemente, posteriores a la creencia en la generación de los metales en el seno de la Madre Tierra, así como lo es la idea alquímica, recogida por el Bergbüchlein, de la formación de minerales mediante la unión del azufre y el mercurio.




Se distingue netamente en el Bergbüchlein la parte de la tradición arcaica y "popular" -la fertilidad de la Madre Tierra- y la de la tradición erudita, extraída de las doctrinas cosmológicas y astrológicas babilónicas.

Ahora bien, la coalescencia de estas dos tradiciones queda testificada en casi toda la alquimia alejandrina y occidental.

Dicho de otro modo, por lo menos una parte de la "prehistoria" de la alquimia debe buscarse no en las tradiciones eruditas que vienen de la Mesopotamia, sino en las mitologías e ideologías arcaicas.

Este herencia venerable comprende la concepción embriológica de los minerales. Resulta curioso observar cómo tradiciones tan numerosas como dispersas en el espacio demuestran la creencia en una finalidad de la Naturaleza.

Si nada entorpece el proceso de gestación, todos los minerales se convierten con el paso del tiempo en oro.

"Si no se produjesen impedimentos desde el exterior que estorban la ejecución de sus designios -escribía un alquimista occidental-, la Naturaleza acabaría siempre todas sus producciones. 

Por eso es por lo que debemos considerar el nacimiento de los metales imperfectos lo mismo que el de los Monstruos y los Abortos, que sólo llega porque la Naturaleza es desviada de sus actos y encuentra una resistencia que le ata las manos y también obstáculos que le impiden obrar tan regularmente como acostumbra.

De ahí viene que, aunque su voluntad sea producir un solo metal, se vea, sin embargo, obligada a hacer otros muchos."

Pero, no obstante, tan sólo el oro es "el Hijo de sus deseos". El oro es "su hijo legítimo, porque sólo constituye su legítima producción".

La creencia en la metamorfosis natural de los metales es también bastante antigua en China y puede, asimismo, hallarse en Indochina, India y el archipiélago malayo.


Mircea Eliade: HERREROS Y ALQUIMISTAS

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