EL LIBRO DE ENOC
Una de las partes excluidas de la Biblia por la Iglesia católica es el Libro de Enoc (en hebreo: el iniciado, consagrado, bendito). Según Moisés, Enoc pertenecía al grupo de los primitivos patriarcas, anteriores al Diluvio, y era hijo de Yared.
Desde hace milenios, la figura de Enoc ha estado siempre algo eclipsada por la de su hijo Matusalén (en hebreo: hombre del proyectil), que al decir de la Biblia vivió hasta la edad de 969 años.
Después de haber servido a Dios en la Tierra, el profeta Enoc fue llevado al cielo en un carro de fuego. Afortunadamente, nos dejó sus anotaciones, que nos permiten penetrar profundamente en los más antiguos misterios de la astronomía, nos informan sobre el origen de los dioses y nos proporcionan detalles sobre la "Caída" del ser humano.
Parece ser que el Libro de Enoc fue primitivamente redactado en hebreo o arameo (lenguas semitas), pero hasta hoy no ha sido posible hallar el manuscrito original.
Y si hubiera sido por los Padres de la Iglesia, nadie habría oído hablar jamás del Libro de Enoc. Mas he aquí que la antigua Iglesia de Abisinia había incluido el escrito de Enoc en su Canon.
La noticia llegó a Europa ya en la primera mitad del siglo XVII, pero solo en 1773 consiguió el explorador británico J. Bruce traer un ejemplar del Libro de Enoc a Inglaterra.
Posteriormente, empezaron a circular algunas versiones dudosas de la obra, en latín. En 1855 el libro se tradujo por primera vez al alemán en Frankfurt. Entre tanto se descubrían también fragmentos de una antigua tradición griega.
Al comparar el texto etíope con el griego se vio que ambos coincidían, los cual nos permite suponer que poseemos un "auténtico Enoc".
Tengo en mis manos una traducción del Libro de Enoc, editada en Tubinga en 1900. A mi entender, no se ha hecho ninguna otra desde entonces. Es una lástima, porque la versión de Tubinga es complicada y retorcida.
Los traductores de fines del siglo XIX quedaban tan desconcertados, y era tal su perplejidad ante la series astronómicas de cifras y las manipulaciones genéticas descritas que para darnos, por ejemplo, diez líneas del texto de Enoc se veían obligados a añadir, a modo de apéndice, por lo menos doble número de líneas de explicaciones, presentando al mismo tiempo diferentes posibilidades de traducción.
Erich von Däniken: EL MENSAJE DE LOS DIOSES

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