LA ESPADA EXCÁLIBUR

 

"Con aquel acero tan liso y bruñido como un rayo congelado sobre la roca, el perfil estilizado y robusto al mismo tiempo, se antojaba como el arma más perfecto y equilibrada que pudiera construirse, confeccionada con una técnica superior a todo cuanto podía saber un humano."


Espada singular de propiedades extraordinarias, acaso se diría dotada de vida propia.

Fue forjada en el fuego mágico por manos ajenas al mundo mortal, insuflada con el aliento del dragón y entregada a Merlín para la consecución de la sagrada tarea de pacificar la tierra y recobrar el equilibrio perdido entre lo que había sido y lo que estaba por venir.

El arma estaba indisolublemente unida al trono, como anunciaba la inscripción de su hoja:

"Quienquiera que extraiga esta espada de la piedra será legítimo rey de toda Inglaterra".

Cuando Arturo, a la sazón un desconocido, la liberó de su asiento de roca, satisfaciendo así la visión profética de Merlín, el equilibrio de poder en todo el reino se trastocó por entero.

Excálibur, en cuyo pomo circular estaba labrado un dragón, destellaba con un fulgor sobrenatural y permitía a su dueño cortar el hierro o infundir temor en sus enemigos, pero tal vez su mayor poder era el de recordarle siempre su deber último, el de ser en todo momento un ejemplo de justicia y nobleza.



No en vano, la espada rechazó a Arturo cuando éste la empleó para fines egoístas. Hasta que no la recobró, el joven monarca no se probó a sí mismo y a quienes lo rodeaban que era digno de su destino.

De Excálibur se decía, ya en las leyendas más antiguas, que tenía el poder de cegar a sus enemigos y que su vaina podía evitar que su dueño se desangrara.

Entonces, la espada no aparecía con este nombre, sino con el latinizado Caliburnus, vocablo que derivaría de Caledfwlch, del galés calet (fuerte) y bwlch (filo).

Con ella, el guerrero irlandés Llenlleawg segó la vida del rey irlandés Diwrnach para apoderarse de su caldero mágico.



Llenlleawg fue posiblemente una fuente de inspiración para forjar la identidad de Lanzarote, uno de los fieles caballeros de la Mesa Redonda.

Fueron los bretones los que tendrían el honor de dar a los distintos nombres la forma definitiva con que la espada entró en la leyenda: Excálibur.

Es sin duda la principal de un amplio linaje de espadas de poder que incluye parientes en otros mitos celtas, como la también galesa Dyrnwyn o la irlandesa Caladbolg, así como otros más lejanos en la forma de las germánicas Gram, la hoja con la que Sigfrido abatió al dragón Fafnir, o Hrunting, el arma del gran héroe Beowulf.

Y sin embargo, todas ellas no dejan de ser instrumentos de la voluntad de su poder, mientras que Excálibur no es instrumento de nadie.


EL REY ARTURO Y EXCÁLIBUR EN LA ROCA


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