LAS ACUSACIONES CONTRA LOS TEMPLARIOS

 



Agrippa no fue el único escritor del Renacimiento que asoció a los Templarios con la práctica de la magia.

Un cronista francés llamado Guillermo Paradin publicaba ya mediado el siglo XVI un relato en la línea de las Grandes Crónicas de Francia, en el que mezclaba los cargos contra los Templarios con otras fantasías brujeriles, que eran corrientes en el acerbo de creencias comunes acerca de la brujería.

Según Paradin, los novicios templarios eran conducidos a una "cueva" en donde se les inducía a adorar a una imagen cubierta de piel humana y con dos relucientes carbunclos por ojos.

Aquí se les hacía renunciar a Cristo y blasfemar; después se apagaban las luces de la cueva y comenzaba una orgía con las mujeres que -inexplicablemente- habían admitido.

Si el templario moría, sus cenizas eran usadas como ingrediente de un brebaje que bebía toda la secta.

Si nacía un niño de un templario a consecuencia de la orgía de la cueva, se lo pasaban en círculo, de mano en mano, hasta que el niño moría. Entonces se procedía a asarlo y con su grasa se elaboraba un ungüento con el que se untaba al ídolo.

Estos detalles, junto con la acusación de sodomía y la imputación de culpabilidad por la captura de San Luis por los sarracenos, los había sacado Paradin de Grandes Crónicas de Francia.

Pero la fuente original de las supuestas orgías en la cueva y el asesinato sacrificial de niños recién nacidos era la crónica bizantina de Psellus. 

Paradin añadía el comentario erudito de que estas cosas ocurrían de la manera en que habían ocurrido en la antigua Roma durante las ceremonias de las Bacanales.




Durante el Renacimiento, el tratamiento más racionalista acerca de los Templarios provino del gran teórico francés de la Política Jean Bodin. 


Pastora Barahona: HISTORIA DE LOS TEMPLARIOS

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