CULTURA Y GEOGRAFÍA

 

La teoría morfo-histórica de las culturas contrasta abiertamente con muchas ideas que predominan en la cultura media común y que a menudo también los especialistas en varias disciplinas suelen repetirnos con insistencia, de seguro más por la inercia de una costumbre inveterada que en fuerza de un convencimiento crítico.

Una de ellas es la del determinismo geográfico.

En un cierto momento del desarrollo de la investigación sociológica fue formulada la hipótesis que todo hecho cultural depende, en su esencia y forma, del medio geográfico.

Nosotros afirmamos que las condiciones de espacio, flora, fauna, clima y suelo, todo lo que los geógrafos modernos llaman "el paisaje", constituyen elementos que no pueden ser descuidados por quien se propone el estudio de la cultura de una zona o de un continente.

A pesar de esto, nuestra posición es diametralmente opuesta a la creencia en un determinismo geográfico de los tipos de civilización.

En ese sentido el libro de H. Taine La sculture de la Grèce es un documento ejemplar. Se trata de una construcción habilísima -y en parte cautivante- para demostrar que el sol de Grecia, el aire sutil, el mar y las colinas, y hasta los higos y las aceitunas que comía el pueblo griego, determinaron las creaciones de la escultura helénica.

Se ha ido todavía más lejos, con el postulado que las condiciones del territorio determinan el proceso histórico de un pueblo. 




En cuanto a los lugares comunes que, después de Taine, todo patán suele repetir con evidente cursillería sobre el suelo sagrado de la Hélade, nada más oportuno que recordar la famosa apóstrofe de Hegel: "¡Qué no se me hable más del sol de Grecia, porque hoy alumbra a los turcos!"

Las pretendidas "leyes" del determinismo ambiental, además de ser nebulosas y verbalistas de la condición más necesaria en toda ley, esto es, la correspondencia constante de las causas con el efecto.

Se ha postulado, por ejemplo, para explicar el alto grado alcanzado por algunos pueblos, que las formas más elevadas de la civilización han florecido allí donde el clima y el suelo han brindado al hombre las condiciones más favorables para su existencia, donde "los paisajes son más bellos y el hombre no vive perseguido por las exigencias del estómago" (Taine).

Pero luego se ha tenido que reconocer la existencia de un número de "excepciones" antes insospechado, y éstas han conducido a afirmar que las dificultades, y no ya las facilidades derivadas del medio geográfico, estimulan la energía física y mental de los pueblos.

Más lógico hubiera sido reconocer una vez por todas que "el éxito en la producción, como toda otra especie de adelantos, depende más de la calidad de los agentes humanos que de las circunstancias en medio de las cuales ellos están llamados a obrar", como ya lo hiciera Stuart Mill. 


José Imbelloni: EPÍTOME DE LA CULTUROLOGÍA




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