EL ARTE DE LA MEMORIA (2ª parte)
Los textos originales griegos se perdieron, pero toda antigüedad latina será atravesada por este Arte de la Memoria. Se lo encuentra, con algunas variantes, en varias obras del estadista y poeta Cicerón (104 - 63 a. C.) quien utilizaba la Mnemónica colocando imágenes dentro de un espacio visual imaginario ("Mansión Interior" o "Palacio de la Memoria") como medio para recordar sus discursos.
En su obra Disputas Tusculanas, Cicerón se refiere a la memoria con gran profundidad filosófica, preguntándose acerca del poder en el hombre que resulta de sus búsquedas y descubrimientos:
"Un poder capaz de brindar tan importantes resultados para mi mente es totalmente divino. Pues, ¿qué es la memoria de las cosas y de las palabras? Además, ¿qué es la invención? Seguramente, nada puede ser aprehendido de Dios de mayor valor que esto..."
El Arte de la Memoria aparece también en el tratado anónimo Rhetorica ad Herennium (c. 85 a. C.), en Quintiliano y también en San Agustín.
Luego, sigue un extenso período en el cual no existe ninguna traza de él: la lenta descomposición del Imperio Romano, las invasiones bárbaras y el período oscuro de la Edad Media no ofrecían un medio apto para expansión de esta actividad intelectual.
El Arte de la Memoria se mantendrá oculto en ciertas órdenes monásticas que lo adaptaron como un arte composición y como un método básico de lectura y meditación sobre la Biblia.
Posteriormente, reaparecerá con la construcción de las catedrales y la escolástica. En efecto, ¿qué es una catedral sino un enorme libro de imágenes pétreas, o pintadas, o en vitrales, en el cual los fieles recuerdan permanentemente la necesidad de su salvación y los medios para lograrla?
Muchas de estas imágenes eran específicamente herméticas como lo atestiguan los medallones alquímicos que aún se pueden ver en las puertas de Notre Dame de París.
En la antigüedad, el Arte de la Memoria era un arte personal y en la Edad Media revistió una forma monumental pasándose de imágenes mentales a imágenes exteriores cuyo significado explícito era controlado, más o menos, por la Iglesia.
Jorge Francisco Ferro: LA INTRIGANTE FRANC-MASONERÍA

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