CONOCIMIENTOS OLVIDADOS A LO LARGO DE LA HISTORIA (2ª parte)

 

Nos han llegado mucha información gracias a los antiguos jeroglíficos escritos en las tumbas o en los ataúdes o envoltorios de las momias, y gracias a la escritura cuneiforme de Oriente Medio, consideradas ambas durante casi 2000 años como una forma de decoración antes que como escritura propiamente dicha.

Como sea que los textos cuneiformes de Mesopotamia estaban inscritos en arcilla, los fuegos que destruyeron las ciudades y los hombres que escribieron estos textos, a menudo no sólo no acabaron con las tablillas de arcilla, sino que recociéndola le dieron más consistencia.

Nadie sabe cuántas decenas de miles de estas tablillas han servido para construir las chozas de barro de los actuales habitantes de la zona en que antes se alzaban aquellas tremendas ciudades que ahora están bajo el nivel del suelo, a no ser que formen grandes aglomeraciones de barro.




La caída de Constantinopla a manos de los musulmanes turcos, en 1453, motivó que los pocos supervivientes entre los custodios del antiguo saber se dispersaran, lo que dio lugar a que en Europa volviera a sentirse interés por la cultura y las ciencias de la antigüedad.

El hecho de que en el siglo XIX se descifraran los jeroglíficos egipcios y la escritura cuneiforme de Oriente Medio ha hecho posible comparar los conocimientos y los logros científicos del mundo antiguo.

Pronto se llegó a una curiosa conclusión: los conocimientos matemáticos y astronómicos de los griegos parecían basarse en fuentes muy anteriores. 

Tales de Mileto, que inventó una máquina de vapor (pero no la popularizó), tenía el convencimiento de que la Vía Láctea estaba formada por estrellas, cada una de las cuales era un sistema que contenía un sol y varios planetas, estos sistemas estaban situados en la inmensidad del espacio, concepto que procedía de Babilonia. 




El uso del número pi por Euclides, los teoremas geométricos de Pitágoras y otras verdades matemáticas que tanta influencia han ejercido en el mundo moderno pueden ser conocimientos adquiridos por Pitágoras durante el período que pasó en Egipto y Babilonia, donde estos conocimientos matemáticos y astronómicos tenían ya miles de años de antigüedad.

Los textos babilonios, generalmente expresados en lenguaje astrológico, parecen indicar que los astrónomos de hace miles de años conocían ya los fenómenos cósmicos y las teorías que nosotros hemos "descubierto" únicamente en el curso de los últimos 400 años y, en algunos casos, en los últimas décadas.

Pero en lo referente a los conocimientos científicos de la antigüedad se da la curiosa característica de que cuanto a más antiguos tiempos nos remontamos, más amplios parecen ser.

Si los griegos recibieron sus conocimientos de astronomía de los babilonios, éstos los recibieron de los sumerios, anteriores a los babilonios.

Los sumerios utilizaban el concepto cero, tal como también lo utilizaban los antiguos indostánicos, y podían hacer cálculos cósmicos matemáticos de 15 dígitos, en tanto que los pueblos más jóvenes tenían dificultades de contar en miles.

En vez de usar la cuenta digital basada en 10 dedos, los babilonios utilizaban un sistema de contar por 12, y unidades de 60, sistema más adecuado para los cálculos, ya que dividen en más factores.

Todavía utilizamos este sistema sumerio-babilonio cuando hablamos de docenas, pulgadas, pies, segundos, minutos, horas y grados de círculo.




Berossus, el historiador y astrónomo babilonio, era conocedor del "Gran Año", la gran cuenta de la precisión del equinoccio, el tiempo total para que pase cada uno de los signos estelares del zodíaco por los cielos de la Tierra.

En otras palabras, los años solares transcurridos antes de que la Tierra regrese a aquel punto del espacio en que se encontraba al principio de la revolución zodiacal, que es un total de 25.826,6 años. 

El cálculo babilonio discrepa de nuestra moderna aproximación sólo en cuatro décimas partes de un año.

Los sumerios, de quienes los babilonios heredaron su civilización, fueron los primeros en dar nombre a las figuras del zodíaco (palabra que significa "círculo de animales", en griego) al que los griegos llamaban el "brillante rebaño".

Las crónicas sumerio-babilonias dan muestras también de un considerablemente más amplio conocimiento de los planetas y de las estrellas que el que pudiera tener cualquier otra cultura posterior, hasta los presentes días.


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