¿VIKINGOS EN SUDAMÉRICA?
A fines de 1975 los diarios brindaron una noticia sensacional. En el Paraguay se habían descubierto los restos de una ciudad vikinga. Se hallaban en la zona de la cordillera del Amambay, unos 600 kilómetros al norte de la ciudad de Asunción, en el límite con el Brasil.
El hallazgo, realizado por el equipo del profesor Jacques de Mahieu, venía a culminar los descubrimientos de las cuevas vikingas realizados cinco años atrás por el geólogo paraguayo Pedro González.
Se habían tenido breves noticias de las mismas por el general Samaniego, ministro de Defensa del Paraguay, cuyos subordinados habían visto algunas de ellas, pero sin comprender el valor arqueológico que encerraban.
Samaniego le pidió a González que si en algunas de sus exploraciones por el cerro Guazú se acercaba a la zona, se arrimara a las mal conocidas cavernas del Amambay.
Así lo hizo González a principios de 1970, descubriendo 170 cuevas, de las cuales unas 40 tenían inscripciones. El esforzado geólogo comunicó estos hallazgos al Ministerio de Obras Públicas paraguayo, pero no se le dio mayor importancia al asunto.
No hubo investigación seria. "No hay arqueólogos en el Paraguay", explicaría González.
Las inscripciones permanecieron largo tiempo sin ser comprendidas, hasta que en 1974 el profesor Hermann Munk las descifró. Se trataba, según él, de una escritura rúnica, anterior al descubrimiento de América por Colón, que reflejaba una lengua germánica septentrional.
Los grabados de caballos y jinetes (los caballos fueron introducidos por los españoles tras el descubrimiento iniciado en 1492) eran interpretados por Munk como los del dios Odín/Wotan y su cabalgadura legendaria.
Se trataba, siempre según Munk, del conjunto rúnico más grande del mundo.
Jacques De Mahieu (director del Instituto de Ciencia del Hombre de Buenos Aires), a la vista de las fotos de los caracteres del cerro Guazú, confirmaba la interpretación lingüística de Hermann Munk.
Al año siguiente, el investigador francés radicado en la Argentina, que ya se venía ocupando del tema, descubriría las ruinas a las cuales nos hemos referido inicialmente.
Varios eran los restos encontrados.
En Cerro Corá se descubrió una muralla construida con piedras de diferentes dimensiones, ajustadas perfectamente sin argamasa, al estilo de las incaicas, con tramos intactos de 10 metros de altura y 45 de largo.
En Tacuatí, los cimientos de casas de 4 x 4, y un edificio de 10 x 25 metros, cuyos materiales contenían inscripciones definidas como rúnicas. La construcción databa aparentemente de los años 1200 a 1450.
Según De Mahieu, los vikingos habrían atravesado el continente americano desde los lugares de sus primitivos desembarcos en América septentrional hasta el Perú, y desde allí, cruzando Sudamérica de oeste a este, en dirección al Atlántico, dejando su huella en las culturas de los mayas, incas y guaraníes.
Esta tesis desarrollada por De Mahieu en sus libros EL GRAN VIAJE DEL DIOS SOL y LA AGONÍA DEL DIOS SOL ya había sido adelantada en 1941 por otro estudioso, también francés de origen y argentino por adopción, radicado en la provincia de Córdoba: el geólogo Raymond Chaulot.
Los hallazgos de González y De Mahieu actualizaron la hipótesis de Chaulot y le proporcionaron un mayor sustento.
Roberto Ferrero: VIKINGOS Y COMECHINGONES (Revista TODO ES HISTORIA nº 125, 1977)

Comentarios
Publicar un comentario