EL ARTE DE LA MEMORIA (3ª parte)
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Luego de la Querella de los Iconoclastas que ensangrentó a Bizancio alrededor de los años 700 al 900, la Iglesia Católica estaba preocupada por las reacciones que pudieran suscitar las imágenes.
Durante dos siglos dudó sobre si había que adorar los textos o los íconos, lo que concluyó con el gran cisma entre las Iglesias de Oriente y Occidente.
Por su parte, desde sus orígenes, el Islam fue decididamente iconoclasta.
Por lo tanto, era importante que la Iglesia tuviese control sobre las imágenes.
San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino proporcionaron argumentos apropiados.
Para Santo Tomás, las imágenes de la memoria son el símbolo corporal de las intenciones espirituales. Pero representarse imágenes paradisíacas, edificantes, cósmicas, etc., no es suficiente.
Como lo subraya Santo Tomás "lo que se desea recordar es necesario ponerlo en orden". Sea por los llamados "Palacios de la Memoria" o de otras formas, el problema de la organización de la memoria es un problema crucial.
Con el arte clásico, con la escolástica y con el Arte de la Memoria la Iglesia Católica, sin adorarlas ni proscribirlas, encontró un método apto de utilizar las imágenes y ponerlas a su servicio. Se encontrarán de este método a lo largo de toda la historia del arte religioso.
Pero, a fines del siglo XII, un acontecimiento importante en la historia del Arte de la Memoria se había producido en el Mediterráneo: el beato y alquimista mallorquín Raimundo Lulio había construido su propio Arte de la Memoria, en el cual se apreciaban influencias hebraicas diferente del clásico que tanto se respetaba en el continente.
Resumiendo, Lulio codificó los diferentes aspectos de la Divinidad y del mundo por las letras B, C y D y las inscribió en la periferia de ruedas que podían girarse unas con relación a otras.
Puestas en movimiento, estas ruedas ponían a las letras en relación combinatoria y de esa forma se recomponían los elementos y aún se lograba la re-creación del mundo.
Se está muy lejos de la tradición retórica de los poetas y de los oradores, muy lejos de las imágenes sensibles dispuestas en arquitecturas estáticas.
En cambio, se está en un espacio abstracto donde se despliega, de forma más o menos autónoma, una maquinaria literal.
El sistema de Lulio fue ampliamente difundido en los siglos siguientes. Nicolás de Cusa se interesa en él. Luego de la caída de Bizancio (1453), la magia neoplatónica del Renacimiento, con Marsilio Ficino y otros, encuentra en dicho sistema una herramienta fundamental.
Poco a poco, Pico de la Mirándola y otros autores identifican casi completamente al sistema de Lulio con la Cábala aunque Lulio no utilizase las letras hebraica.
En todas las Artes nmemónicas se aconsejaba que las construcciones mentales debían ser amplias y bien construidas, claramente dispuestas en su particular orden y divididas en intervalos moderados.
Estas construcciones mentales poseían una secuencia de lugares arquitectónicos (habitaciones, pasadizos, nichos, etc.) y eran denominadas "Palacios de la Memoria".
Jorge Francisco Ferro: LA INTRIGANTE FRANC-MASONERÍA

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